Todos los textos que se muestran en este blog son originales, y creados por Daniel Montes, administrador y creador del blog. Si ves cualquiera de estos relatos o textos en otra página que no sea esta, NO pertenecen a esa persona, y significa que han sido copiados.
Si te enteras de que alguien está usando los textos de este blog como si fueran de su propiedad, te ruego que me lo notifiques para tomar las medidas oportunas. ¡Gracias!

jueves, 19 de octubre de 2017

No nos olvides.


Mi primer cumpleaños sin ti. Me duele realmente el corazón al darme cuenta de que no vas a verme crecer hasta ser un guerrero, pero hoy, en especial, el primer día que cumplo años desde que no estás, me siento ciertamente triste. Como sé que no te gustaría nada verme decaído en un día como hoy (que, para mi, no es que signifique gran cosa, pero sí que recuerdo la ilusión que te hacía felicitarme) intentaré pasarlo sonriendo, al menos la mayor parte. 


De todos modos, es totalmente injusto que tú estés allí, en Valhöll disfrutando de deliciosos manjares, degustando los mejores caldos y emborrachándote con la hidromiel más dulce, y yo tenga que conformarme con un pequeño festín y con una tarta. Pero celebraremos muchos triunfos cuando nos juntemos de nuevo, no te lo bebas todo (que sé lo que te gusta), y te enseñaré a levantar hierros y a manejar una espada (si no te lo han enseñado ya), ya que allí no te aquejarán las dolencias propias de la edad, pues todos allí son guerreros que trascienden a las debilidades humanas, y te contaré cómo me convertí en el hombre que esperas encontrarte. Prometería no derramar más lágrimas por ti hasta que nos volvamos a ver, pero me temo que resultará imposible. No lo tomes como muestra de debilidad, sino del profundísimo amor que te tengo y todo lo que me desgarra el corazón que los Dioses te llamaran tan pronto. 

Sorprende la capacidad de mi cerebro para temerle tan poco a la muerte, deseándola incluso, en ciertas ocasiones, para poder volver a estar contigo. ¿Por qué, si yo estoy en edad de luchar, no me llamaron a mi antes? Al fin y al cabo es su voluntad. Pero tengo claro que cuando las Valkirias me lleven ante el Padre de todos, lo haré con la mayor de las sonrisas, porque sé que levantaremos hierro juntos, que beberemos de grandes cuernos, y que lucharemos mano a mano, como padre e hijo en el Ragnarök. Aunque para eso quede mucho tiempo (que para ti, ahora, no será más que un suspiro) y ahora tengo que vivir, cuidar de mi familia e intentar ser feliz y hacerles felices a ellos. Y no por ti (que también) sino por mi y por ellos, por los que quedamos en Midgard, por los que te recordaremos siempre, ya que no pasa un solo día sin que los Dioses me oigan llorarte.



No nos olvides ¿eh? que nos vemos pronto.

martes, 16 de septiembre de 2014

He vuelto a soñarte.

Hoy te he vuelto a ver en mis sueños. Tan inocente, tan blanca, tan pura como siempre, tan real, tan sentida, tan evocadora. He podido notar tu cálido abrazo y tu desprecio al mismo tiempo, esas suaves palabras de odio hacia mí, esa mirada dudosa, fría, distante, pero que tanto me llena de vida. Esa vida que nos prometimos, la he sentido y la he deseado mientras dormía. La he acariciado en sueños. Te he acariciado en sueños.
Con gran dolor noté cómo me apartabas la cara al intentar darte un beso, cómo te acurrucabas en la cama pidiéndome entre llantos que no te molestara, que te dejara en paz. Nada más placentero que tu voz, repleta de falsedad y miseria rebotando en mi cerebro una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Mataría por volver a escuchar tu voz tan nítida, tanto como en el sueño. Lloraste con furia, y cada fría lágrima resbalando por tu mejilla era un pozo sin fondo que emanaba calor, incrustado en lo más profundo de mi ser. El conformarme con tu llanto, con tu odio, con tu dolor, con tu rencor, con tu ira… era todo lo que necesitaba porque, por fin, he vuelto a soñarte. 
Soñé cómo me mirabas con los ojos enrojecidos, con la cara sangrante, con las manos vendadas, con el corazón roto, con los ojos llenos de tristeza y de pena. Soñé cómo sonreías con esa boca que tanto me hizo soñar en su tiempo y que sueño por fin ahora, soñé que te soñaba sonriéndome de nuevo, que nuestras bocas se juntaban mientras llorábamos desconsolados. Te soñé haciéndome daño, y volvería a repetir ese sueño mil veces, pasaría la eternidad durmiendo con tal de poder ver tu rostro de nuevo, aunque fuera en esa realidad onírica. Pero me calmaba, las pesadillas se fueron por fin, porque tus malas palabras, tu desprecio y tu vehemencia sueñan conmigo. No es pesadilla soñar con tu muerte, porque es a ti a quien sueño, es tu imagen, tu reflejo. Tu cara ensangrentada, tu cuerpo amoratado, aunque fuera, mataría por soñarlo
.
Hoy te he vuelto a ver en mis sueños, tan real, tan clara. Sentí en unas horas todo lo que me hiciste sentir en unos meses. Todo junto, devorando mi madrugada, recibiendo al amanecer como se merece, con lágrimas y con desesperación, con la noche cayendo como caía tu recuerdo por el falso olvido. Como pretendió caer, pero como al final no cayó.
Hoy he vuelto a soñarte, con los ojos vendados, con la boca cosida, con los oídos taponados y con esa expresión tan sincera, tan amable, siempre. Mientras soñaba, creí quererte de nuevo, creí poder engañarme hasta el punto de odiarte. Soñé que podría escribirte, remoloneé en la cama nada más despertar, empapado en sudor y en lágrimas, deseando que no hubiera sido un sueño, que tus malos modos, tus insultos, y tu descorazonada desidia siguieran a mi lado al abrir los ojos. Poder mirar ese odio de nuevo, poder sentir ese frío devorando mis pupilas de nuevo, poder sentir esa presión en el pecho al dolerme tu ausencia.


Mataría por volver a soñarte aunque fuera un segundo, como moría cada noche por seguir soñándote tiempo atrás.

lunes, 28 de julio de 2014

Nada que decir.

Tantos recuerdos y tantos pensamientos que se fueron por el desagüe. Tantas risas que ahora sollozan desconsoladas y que se marchitaron pisoteadas por una dejadez supina.  Y lloraba a la ausencia, que ya no te reconocía, que enferma entre gritos y llantos blandía su impío rencor, que sucia y desaliñada clamaba compañía. La ausencia, y tan triste, tan hambrienta, tan dolorosa, se extrañaba de tu rostro, de tu saber y de tu voz. El hueco se hacía cada vez más grande, y bostezaba con una botella de whiskey en una mano y una cigarro en la otra. Suspiraba, tomaba una calada, bebía un largo trago y espiraba el humo, se perdía entre lo que, a su juicio, parecía ser una extraña rebeldía que no tenía ni razón, ni ser, ni dueño, ni sustento, ni alma. 
Sólo hambre, hambre rugiendo por la libertad encadenada que su ilusión le permitía ver, a duras penas, entre sus párpados entreabiertos y sus ojos enrojecidos e irritados, llenos de lágrimas que se resistían a caer.
Que la ausencia, tan desesperada por no cruzarse de nuevo en su camino, le invitaba a servir a un amo, aun dueño, a un señor. Se sumía en una servidumbre disfrazada de amistad, en el sexo, sucio y deshonroso, disfrazado de amor y pasión, pero donde sólo la oscura sombra de un anhelo que, sabiendo que jamás será, tenía cabida.
 No había nada, no quedaba nada.
 Se había roto en mil pedazos toda la ilusión de ver amar de nuevo a aquellos labios que tan poco esgrimieron sus armas en pos de victoria. Ni el intento. Como una losa de cristal grueso cayendo contra el suelo, con un sonido ensordecedor, con una pena máxima, como el único motivo de ser. 
Era mayor el lamento de la poca importancia que se le había dado a la derrota, que la derrota en sí. Las victorias sólo hacen hombres vanidosos.
 Las derrotas, en cambio, hacen hombres, a secas. Después de una victoria sólo hay que escribir lo sucedido. Después de una derrota toca estudiar, leer, aprender y no volver a fallar. Después de una victoria, al fin y al cabo, no queda nada que decir. 

domingo, 11 de mayo de 2014

Necios.

-23 de octubre de 1999. Despejado. Mar calmada. Unos 17 grados centígrados. Poca humedad-


—¡Necios! —Grité.
Hablaban de lo que no sabían, como siempre. Si se hubieran mordido la lengua hubieran caído fulminados por su veneno.
—¡Más que necios! —Volví a gritar. Estaba enfadado. Muy enfadado, y cada vez tenía menos claro qué hacía en aquel lugar. Sólo se dedicaban a mandar insultos y reproches a diestro y siniestro y a hablar sin experiencia ni razón. Gente vacía, como medusas, moviéndose por una inercia que ni ellos mismos controlaban.
Nunca fui una persona violenta, pero tanta mala saña junta me hacía replantearme mis principios. Porque todos tenemos un límite, aunque nunca haya sido partícipe de usar la fuerza para la resolución de conflictos (bueno, tampoco es que tuviera mucha –fuerza-), pero cuando la gota termina por colmar el vaso, el líquido se derrama. Y eso era mi cerebro, un vaso a punto de sobrepasar su límite. Sentí una presión en el pecho, las manos comenzaron a sudarme aunque permanecían heladas, y un montón de pensamientos bastante siniestros se me comenzaron a agolpar en la cabeza. Siniestros para lo que mi personalidad podía decir sobre mí, naturalmente.
—¡Algún día os tragaréis vuestras palabras! —¿Eso lo había dicho yo? Santo Dios. La única vez que juré venganza a alguien fue a la salida del instituto, a un idiota llamado Lorcan que me hacía la vida imposible. Su madre era profesora de inglés, nativa irlandesa y, como es natural, su hijo era el “intocable” dentro de clase, y además debía medir como 1’80, y era una bola. Nos tenía a todos bastante acojonados.
 Su máxima pretensión en la vida era hartarse de chocolate, ganchitos, dulces, y refrescos, pensando que su madre estaría ahí siempre para protegerle dentro de su pequeña parcela de poder, dentro de clase, metiéndose con todo el mundo, creyéndose el rey del mundo. Naturalmente la vida se encargó de que no fuera así, y a los 18 años se metió con un grupo de chavales a la salida de la universidad (ninguno sabíamos cómo había conseguido aprobar todas las asignaturas a la primera, siendo tan inútil como era). Por lo visto pensaba que las cosas en el instituto iban a ser iguales que en la universidad, y esa falsa sensación de poder que le dio haber estado sobreprotegido durante tantos años, hizo mella. Bueno, el caso es que le dieron una paliza de campeonato. El resultado fueron tres costillas rotas, la pérdida de un ojo, varios traumatismos craneoencefálicos y diversas magulladuras y heridas.
Entiendo que no es bueno (ni sano) alegrarse de las desgracias ajenas, pero ese idiota se lo merecía.
Creo que me he ido del tema. Pero ya no importa demasiado. Sólo quería desahogarme, creo que esta situación va a superar mi nivel dentro de muy poco tiempo. 

Voy a suspirar y a mantenerme sereno. Seguiré informando.

jueves, 1 de mayo de 2014

Un anhelo perdido.

Rompiendo la simpleza innoble en un suspiro. Perdiendo todo lo que anhelaste ser, por todo lo que luchaste, todo lo que creías al traste, a las curvas perfidiosas del súcubo más maldito. 
Al traste tu vocación, tu misión, tu vida, tu alma. Por la borda tu cuerpo, tu camino, tu fe, tu visión de ti mismo. Perdido todo por un casi, por un quizá, por un tal vez. Por un nada. Por un castillo en el aire. Disparando a ciegas, engañándote a ti mismo con que quizá saldrá bien, quizá no, quizá hoy mueras, quizá hoy ya no vuelvas a verle, y quizá no quieras hacerlo, quizá quieras envenenarle, cerrarle la puerta en las narices, dejarle agónica, gritando y suplicando en la lluvia. 
Acuchillando tu conciencia con tus propias uñas, largas, sucias, repletas de tierra y piel humana, y tu cara llena de arañazos, marcas, cicatrices. 
Discutiendo con la luz anhelando oscuridad, amartillando los dedos que te dan de leer, con la lengua que recoge y limpia tu propia sangre, lamiendo el acero, riendo entre lágrimas y desesperación. Con los ojos quemados y con el rostro lleno de cicatrices y surcos fruto de tus lágrimas de lava y los pulmones deshechos, con los pies arrastrando como un vulgar no-muerto, como un difunto que entierran en una fosa común, como un prodigio desterrado, una mente en el ostracismo, una posibilidad de éxito defenestrada. Suspirando por ella, tosiendo por ella, vomitando por ella. 
Llorando por mí, por ser tan idiota de nuevo. Llorando por dejarte llevar, arrastrar, marcar, asesinar. Por dejar que te chupen la sangre, que te infecten, que te duelan de nuevo. Por saltar y abrir las heridas de las que te dolías, por sangrar oscuridad. 
Por quemar tus sueños, por romper tu vida en dos por lo que prometía y que al final no era. Por desidia, por amor, por ese vestigio de paz entre las ruinas que nunca llega. Llorando de nuevo por esas balas perdidas en el cielo, por ese corazón latiendo al unísono con la balada más triste, de tristeza envuelto y de risa ausente, de sentir que vuelve la llamada que grita que donde duele inspira, que si escuece cura, que si supura cierra y borrón, y cuenta nueva. Y llorar de nuevo por dejar frases en el tintero, por manchar de tinta el folio donde pensabas mandar todo al traste. Todo clamando la vuelta, las lágrimas pidiendo secarse y las almas olvidadas negándose a volver a la senda de lo que un día fuiste, y lo que un día te arrebataron.



“¿Cómo no va a ser importante mi vida, si es lo único que tengo en la vida? Vive por ti.”

miércoles, 5 de marzo de 2014

Tánatos.

Toda esa rabia encerrada deseando salir, empuja tu pecho sin parar, latiendo muy fuerte, cada vez más fuerte. Toda esa ira psicótica desencadenada dentro de tu ser, como una bestia que busca una nueva víctima para alimentarse, todo ese deseo de hacer el mal, de ver sufrimiento en los ojos de tus enemigos. Esa desesperación que grita, esas voces que susurran muerte y desconsuelo mientras, con las manos rodeando las rodillas, las lágrimas tocan el sucio suelo en el que te encuentras, y un escalofrío recorre tu espalda buscando llegar al corazón para mancharlo de nuevo. Y aprietas los dientes a la par que los puños, buscando entre sangre y vísceras algo vivo para poder acabar con ello, algo de tranquilidad en este infierno, algo de cordura en esta necedad sin sentido ni rumbo, algo de compañía en esta perenne oscuridad.
 Un bostezo como descanso, un “no puedo más” pintado con sangre en las paredes de tu habitación y un triste canto a la vida sin desear que llegue. Sólo el deseo de morir, el deseo de encadenarse a algo irremediable, a algo malo y sin ningún futuro que augure esperanza, rasgarse la ropa y reventarse la garganta en un desesperado intento de ser libre, tratar de mirarse las manos y querer estrangularse a uno mismo, querer sufrir como hacen sufrir otros a sus iguales. Querer huir y no volver a soñar nunca más, ni pensar, ni respirar. Ser humo, ser aire, ser brisa, convertirse en el azote del mundo de forma inconsciente. Con la sangre de tus enemigos manchando tus zapatos, y un llanto desconsolado brota desde lo más profundo al darte cuenta de lo ocurrido. La muerte llegó a manos del frío, a manos de temblores solitarios, a manos de la propia muerte vestida de ángel, la puta muerte, la puta muerte.

Que la oscuridad te encuentre llorando su pérdida, y sentir en su seno la verdad, la paz, la calma, la calma por fin, la calma que jamás debió irse. Un consuelo cobarde y pobre que sólo puede entender muriendo, matando, matándote, sintiendo tus lágrimas suicidarse desde el punto más alto de tu tristeza, desde el nivel ulterior de la decadencia y la maldad. Y maldecir la bondad, maldecir todo lo bueno, rabioso y sincero. Puro pero manchado. Ladrón, necio, cobarde, bastardo, ignorante, violento, rabioso, impotente, asesino.
Y con la cara congestionada, con los dedos de tus manos apretando tu nuca, como tratando de arrancar una máscara pegada, y las lágrimas asesinando tu cordura, decirle a la vida que la odias, que no vuelva a aparecer, que no se le ocurra ser soñada, ser más presente, ser más persona. Querer irte, arrancarse la garganta con las uñas y ahogarte en tu propia sangre, morir de frío y de miedo y clamar al viento que te lleve con él. Lejos, allá donde se pierde el recuerdo de lo que fuiste. Allá donde nadie, jamás pueda encontrarte. Desaparecer por completo, ser la nada, y que la nada te lleve.


Y después de la tormenta llega la calma. Y si la calma no llega, sólo queda el más absoluto y ensordecedor silencio.

martes, 17 de diciembre de 2013

Sobre el independentismo catalán.

Este texto no está escrito por mi. Lo escribió en su día un familiar mío cuyo nombre no revelaré, por motivos obvios. Espero que, de formarse debate, se haga de forma cívica y sin insultos ni agresiones verbales. Si lo publico aquí es porque considero que este blog lo forman lectores inteligentes y con capacidad de diálogo y un mínimo de oratoria. 
Y sin más dilación, el texto:


 Los españoles deberíamos convocar un referéndum para darle la independencia a Cataluña. Seguro que prosperaría, y el resultado sería algo así:Cataluña se convertiría en un Estado independiente, como es hoy Túnez o Marruecos. No pertenecería a la Unión Europea, ya que, para ello, tendría que solicitar formalmente su adhesión y cumplir con los requisitos previos; esto podría durar años. Además, España tendría que dar el visto bueno para su entrada, y, podría oponerse durante más años todavía. Tendría su moneda propia que podría ser el “catalino”, por poner un ejemplo. Estarían separados de España y de Francia por una frontera bien definida, controlada por Aduanas, o por los antiguos fielatos, donde tendrían que pagarnos los correspondientes aranceles. 
Como no pertenecerían a la Unión Europea para conseguir cualquier mejora en sus relaciones con Europa tendrían que obtener el apoyo de España. Su moneda tendría un cambio flexible con el euro y probablemente se devaluaría con lo que, para evitar una inflación importada, tendrían que trabajar más que ahora, pagar más impuestos que ahora y ser más pobres que ahora. Los españoles allí residentes tendríamos pocas diferencias con el trato discriminatorio que recibimos hoy. Al estar en un país extranjero tendríamos que educar a nuestros hijos, como ocurre hoy, en catalán. Y si quisiéramos montar negocios, como ocurre hoy, tendríamos que hacerlo en catalán, o sea, que para nosotros los españoles habría poca diferencia con lo que nos ocurre hoy. Pero su trato hacia nosotros mejoraría porque les aportaríamos nuestra divisa, los euros. Y siempre al cambio saldríamos ganando.Para poder renovar su actual Carnet de Identidad español, los catalanes tendrían que demostrar que tienen una residencia fija en España y que pagan sus impuestos en España. Lo mismo les ocurriría con el Actual Carnet de conducir español, la tarjeta de la Seguridad Social , etc. Incluso les podríamos pedir Visado de entrada cuando quisieran hacer turismo en España. Nosotros, el resto de los españoles, nos ahorraríamos todo el coste que hoy nos cuesta su Seguridad Social, sus pensiones, su paro, sus vacaciones, etc. Y lo mismo con lo que nos cuesta hoy mantener a los inmigrantes que ahora residen allí, que cada vez son más numerosos, sobre todo los que provienen de países árabes. Todos los que tenemos el dinero en alguna entidad de allí, podríamos depositarlo en el Santander, o el BBVA o Caja Madrid, que al final revertiría en la empresas españolas; por no hablar de las participaciones que tiene las entidades financieras catalanas en las principales Compañías españolas, habría que obligarlas a devolver las acciones ya que, al no pertenecer a Europa, el gobierno español podría “nacionalizar” las mismas. Nos ahorraríamos todo lo que hoy nos cuesta la cantidad de Diputados y Senadores catalanes que nos desprecian. Sus viajes en primera a Madrid, sus estancias en hoteles de lujo, sus dietas, sus vacaciones, sus sueldos millonarios de por vida, sus guardaespaldas, sus comilonas, etc. Y serían sustituidos por Diputados y Senadores españoles que trabajarían por España. Nos ahorraríamos los traductores que ellos nos exigen, cuando solo por buena educación deberían hablar en español, idioma en el que todos nos entendemos. También ahorraríamos en las “embajadas” que tienen por todo el mundo. Dejaríamos de pagar a los Mozos de Escuadra que, por si no lo sabes, no los paga la Generalidad , sino el Ministerio del Interior, como a los Policías y a los Guardias Civiles, sólo que les paga más. Los ríos que nacen en España y luego entran en Cataluña podrían ser desviados para regar zonas secas de España, y no como ocurre ahora que hay que pedirles permiso para hacerlo así y que siempre lo deniegan. Además podríamos construir un buen pantano en el Ebro en la provincia de Zaragoza y convertir en regadío el desierto de los Monegros. El cava se lo pueden meter por el culo, ya que tendrían que pagar impuestos a la exportación, y no olvidar que el 80% del cava catalán se vende en el resto de España. Nosotros no tendríamos inconveniente en tomar champán francés (que con los impuestos saldría por el estilo de precio) o la buena sidra asturiana , que fresquita está de muerte, y los asturianos son unos chicos muy majos que se sienten orgullosos de haber iniciado la reconquista desde Covadonga. Si necesitaran dinero para hacer carreteras, para ampliar sus puertos y sus aeropuertos lo podrían pedir prestado a España, claro que, pagándonos los correspondientes intereses y gastos. Podrían tener su selección de fútbol, y el Barca jugaría la liga con el Nastic, el Reus y el Sabadell, así generaría buenos ingresos para futuros fichajes. Además, ganaría siempre la liga, ya que no tendría rival. Lógicamente Messi, Pujol, Busquets, Xavi, Iniesta, Valdés, Pedrito, Alves, etc. buscarían equipos más competitivos en España o Italia, pero esto, a los catalanes de pro, no les importaría mucho, lo importante sería “sus señas de identidad”. Pero por encima de todo, los españoles, nos liberaríamos de una buena cantidad de gente que nos desprecia, de políticos que solo piensan en su tierra, y de un montón de gente que nos usa según lo que les conviene y que muchas veces lo hacen con el dinero de los impuestos que pagamos el resto de los españoles. Será divertido verles allí macerándose en catalanismo. Y cómo, mirándose unos a otros, descubrirán con asombro lo pequeños que son al no pertenecer a España. Cataluña tendría entonces la dimensión que le corresponde. La de un País de paletos provincianos.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Yacer contigo.

Tirarte en la cama con ternura, arrancándote la ropa a tirones y mordiscos. Sacar toda mi pasión en forma de mirada ardiente, pulverizar todo atisbo de vergüenza entre nosotros. Que mis manos acaricien tu piel mientras tus uñas arañan la mía, y que el sudor y el placer sean los protagonistas. Que de nuestra comunión sólo nazca más pasión. Una redundancia de placer que rebotará en nuestros recuerdos hasta que nuestra vida se apague. Perderle el respeto a la naturaleza cuando las obscenidades se cruzan disparadas desde tu boca y la mía. Que tu saliva se convierta en un río con mi cuerpo por valle, con la lluvia personificada en un juego de dos, con nubes por ojos y por aroma el césped recién cortado. Que lluevas sobre mi, que te fundas con mi piel, que seas carne de mi carne.

Que tu sexo cabalgue sobre el mío hasta que las estrellas sientan vergüenza y envidia de nosotros a partes iguales, y que tus gritos rompan mis tímpanos, que tus dientes se claven en mi cuello, tus uñas en mi pecho, tus caderas sobre las mías ondeando como una bandera. La bandera de ese sentimiento de pura libertad que inunda los pulmones cuando acecha el climax más absoluto. Reventar en un estallido de colores brillantes hecho chiribitas en los ojos, y sentir dolor al no poder abrir más la boca y desencajarnos la mandíbula a base de gemidos. Tus tirabuzones ardiendo sobre los hombros, y tu mirada verde, tan brillante, asesinando mis pupilas, y sentir los ojos arder, llenos de arena. Romper la barrera del sonido en un orgasmo, romper todos los músculos de la tensión, con un sonido de cuerdas enjauladas en cadenas rotas por nuestro descaro, un látigo de acometidas y deseos carnales, desgarrarse la garganta en un gutural gemido que se eleve hasta la luna, la cual nos observará dormidos, relajados, juntos.

Y yacer contigo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

España.

Si hay algo que me repatea las tripas son los extremos. Creo (o quiero creer) que vivimos en un mundo lo suficientemente civilizado como para poder aceptar con respeto y madurez las opiniones, ideas, deseos, o sentimientos de los demás. Y esto, desgraciadamente, en España, no ocurre. 
Vivimos en un país donde el más mínimo rechazo de una opinión política o social te hace situarte en el otro extremo instantáneamente, y no por que tenga que ser así o porque puedas decidirlo de un momento a otro, sino porque esta sociedad establece cánones condenatorios a las mentes libres. ¿Por qué una persona no puede caminar tranquila por la calle (o pasearse por sus redes sociales) sin recibir insultos, críticas y, en ocasiones, amenazas y agresiones? A mi me ha costado bastante sangre decir que amo a mi país, y que mi sentimiento patriótico está arraigado en lo más profundo de mi ser. Esto es algo que (la mayor parte jóvenes) la mayoría de gente no entiende. Porque sí, amigos, yo puedo luchar contra mis pensamientos, pero ¿contra mis sentimientos? Eso es imposible. Sólo pido que se deje de juzgar un sentimiento inocente y noble como es el patriotismo, porque esto sólo pasa en España. Los británicos exhiben sus banderas con orgullo y hasta grupos de música con influencia mundial (véase Iron Maiden) usan banderas gigantes para ilustrar sus conciertos. En américa es raro ver una sola casa sin la bandera ondeante y reluciente en el jardín. Y el lema coloquial de México es "Viva México, cabrones". ¿Y en España? ¿Quiénes el listo que se atreve a salir a la calle, o a dar la cara de forma pública y decir "Viva España" sin que le tachen de facha? Porque cuando "reconoces" (y mira que me entristece tener que usar esa palabra para referirme a este tema) que amas a tu país resulta que te ponen de hitleriano, militante de las juventudes del PP, o incluso de fascista y racista. ¿Por qué no puedo expresar un sentimiento que poco o nada tiene que ver con la política? ¿Por qué no puedo amar a mi país sin que se me tenga que colocar en un bando o en otro? ¿Por qué, y me lo pregunto seriamente, no puedo expresar el amor que siento por mi tierra sin tener que caer en la crítica social y en una amalgama de insultos y de intolerancia?
¿Por qué hay que demonizar a la gente que sale con el brazo en alto y la palma abierta esgrimiendo un saludo fascista, pero hay que dejar en paz a los que salen con banderas republicanas y con el puño cerrado? Os recuerdo, querido amigos, que ni la falangista ni la republicana son banderas constitucionales ni válidas. 
Nos quejamos de que España se rompe, de que España se va a pique, pero sin embargo nos centramos en una absurda lucha interna que nunca ha servido, sirve, ni servirá para nada, en lugar de arreglar nuestros problemas, unidos como Españoles que somos. Y todo esto, naturalmente, dejando al márgen la política, que insisto, no tiene nada que ver con el patriotismo.
Y lo que no entiendo es por qué ha de estar mal visto un bando y no otro.
Y lo que tampoco entiendo es por qué la gente pide un respeto que no demuestran tener ellos mismos.

Y creo... que el ser humano es mucho más complejo como para encasillarlo en la derecha o en la izquierda.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Psicótico amanecer.

La repulsión y el asco a veces se hace insoportable. La hedionda y miserable manera del actuar de la ignorancia a veces remueve los instintos más psicóticos y terribles que, queramos o no, descansan en cada uno de nosotros, como una bestia dormida, latente, esperando el resurgimiento desde el infierno, con un cuerpo humano como vía de escape. A veces, la ira y la furia ciegan tanto que es imposible pensar con claridad, y tus manos se manchan de sangre caliente, contrastando con la frialdad de tus actos. La hueles y la saboreas, pruebas ese delicioso manjar en una amalgama de sentimientos que ya no duermen en el sentimiento humano, sino en un lecho de carbón ardiente y azufre esperando volver a saciar la sed y el hambre que la violencia despierta dentro de ti. El sentimiento más oscuro que puede albergar una mente humana.
Esas voces que cada vez se hacen más fuertes. Cada vez te dominan más, cada vez te piden más sangre, más violencia. Que día tras día lloran desesperadas para que cedas a su chantaje, manipulando tu cerebro hasta el punto de dejar al corazón decidir por ti, perdiendo toda la humanidad que queda en tu interior, notando cada mililitro de sangre recorriendo tus venas, escuchándole tragar y jadear después de cada trago. Escuchando a tu corazón, marcando con tambores de guerra, el paso de tus acometidas violentas, gritándote desde lo más profundo de tus entrañas, pidiéndote la saciedad, ordenándote el asesinato, la tortura, la crueldad. La piedad... la piedad es para los débiles.  Incontrolable, imposible de manejar, como un autómata poseído por sus miedos, por su propio terror, por el terror que tú mismo cosechas. Con las cadenas que ataban tu cordura marcando tus muñecas y enrojeciendo los rumores que se abalanzan sobre ti despojándote de tu ropa y de tu protección, dispuesto a lanzarte al campo de batalla en plena enajenación colérica. Y ellas, ¡ellas no se callan ni un segundo! no las oyes, pero las sientes dentro burlándose de ti, recorriendo tus oídos tímidas y suplicantes para no darte a entender tu enfermedad tan directamente, esa dulce enfermedad, tan refrescante y tan oscura. Sólo quieren que liberes tu ira. Solo contra el mundo, lleno de vida, pero vacío de humanidad, deseando sentir la sangre tibia escurriendo por tu cara, por tu cuello. Deseando sentir la sensación de poder al segar almas sin compasión, deseando dar rienda suelta a tus instintos más primitivos. Sentir miedo de ti mismo, mirarte al espejo y sólo ver una sombra de lo que la bondad fue en su día. Ver corrupción y muerte...y sonreír.
 En la tortura, en el fuego, en la súplica de unos ojos vacíos y temerosos, en su reflejo estás tú, temible y despiadado. Disfrutando. Convirtiendo en un drenaje macabro el dolor inhumano de tu víctima en un placer indescriptible estallando en tu pecho, mientras tu corazón ríe entre jadeos y convulsiones. A cada grito más sonrisas, a cada sonrisa, más energía pura recorriendo con arena y sal tus venas, narcotizando tu sistema nervioso, sintiendo el placer del dolor, con los ojos inyectados en sangre, perdiéndose en la inmensidad de un psicótico amanecer.
La necesidad de mezclar fluídos, de notar cómo los vapores se desprenden de su cuerpo inerte, abierto como un libro, supurando y formando charcos de esa esencia en la que quieres ver sumergido tu cuerpo, siempre necesitas más. La exploración de sus entrañas aún calientes, rozando el abrasamiento. Empaparte de su vitalidad, sentir que aún con sus tripas desparramadas por el suelo sigue suplicando por su vida. Su sueño y su silencio te dará el vigor para mantenerlo consciente todo lo posible, que disfrute contigo, que disfrute de la belleza de la muerte y del dolor, que sienta su miserable relleno lejos de su cuerpo, que consiga la ubicuidad en lo carnal y que su mente sepa asociar el acto divino con su desesperación. Como un verdadero Dios, juez y verdugo, asesino y justiciero. La orden y el caos.
Y sólo así, la paz con tu conciencia, conciencia negra, manchada. Conciencia triste e intranquila. Pero las voces permanecerán calladas.

domingo, 11 de agosto de 2013

En algún rincón de mi mente.

Procuro dormir siempre con música, porque así me quedo mucho más tranquilo, más relajado al saber que las voces que me acosan no están sólo dentro de mi cabeza... y joder, cómo gritan.
Sin embargo son suaves y sanas, con tacto esponjoso en su etereidad, y sé que cuidan de mi y que velan por mi cordura. Mi enferma y podrida cordura, mientras latentes palabras se amontonan en mi cabeza. Nada nuevo, me he sentido así miles de veces, pero con el aliciente de la seguridad de que mis pensamientos son míos, y sólo los puedo escuchar yo. Con la seguridad de que no los escucha nadie más, aunque a veces sean tan fuertes e involuntarios, sabiendo que soy yo el que domina mi cabeza y mis impulsos, y no al revés.
Creo que mi corazón llora en soledad, en los cauces sangrientos que mis lágrimas de lava graban en mis mejillas al recordar la pena que me aflije. Y ahora que tengo la tranquilidad necesaria para escribir no escribo, y la inspiración me seduce a ratos envolviéndolo todo con falsas esperanzas de ilusión moribunda por una descripción pobre y mediocre sobre un papel, como un niño con zapatos nuevos buscando un charco de barro con el que estrenarlos. Pero sí, creo que mi corazón llora en soledad, en la soledad donde yo esperaba escribiendo, en la soledad donde aprendí a esperar, en la soledad donde me hubiera gustado escribir mis más bellos relatos.
Creo que más que llorar, entra en un intento desesperado de llamar la atención, latiendo de forma inhumana, buscando algo que sentir, algo por lo que luchar. Buscando escribir, escribirme, vivir escribiéndome, latir desenfrenado mientras me escribe, llorarme en litros de lágrimas y sudor, sumergirme en no tan bellas palabras. Él es el que manda, al fin y al cabo, y hay que aguantar sus designios con desdicha, no queda otra.
Y desde lo más profundo de mi mente, en el rincón de mi soledad, me pregunto... ¿qué queréis? no necesito vuestro consuelo, ese consuelo que tengo por tormento y por castigo. No es necesario que penséis por mi, no quiero que sigáis hablando sin mi permiso, no quiero permitiros la libertad necesaria para acabar tomando el control de mi mismo, de mi mente. No pensé, de hecho, que algún día os otorgaría la importancia necesaria como para escribir sobre vosotros... o vosotras. O lo que sea.
Claro que jamás había pensado tantas cosas de forma tan intensa e involuntaria, tan alto que es como si pudiera escucharlo, en ocasiones. Pero no, sé que mi demencia no llega a tanto, sé que lo mío es locura y no enfermedad. Temo que mi cabeza lo acabe tomando en serio causa de tanta sugestión. Pero son sólo pensamientos.


"Sueños de plata, recuerdos de oro, todo ello grabado en platino con punta de diamante".

viernes, 12 de julio de 2013

La ignorancia de la razón.

Revelándose contra el viento, cortando el aire que, paradójicamente, ahoga al individuo y lo sume en un estado total de descontrol. ¿Dónde se ha de detener? se pregunta. ¿Cómo es posible emitir tales juicios con tamañas lagunas de conocimiento? Luchando contra el fuego con magma, roca fundida para vencer al primer enemigo que tuvo el ser humano. Venciendo al agua con ríos secos y con lágrimas vivas y ardientes que describen parajes intimidatorios en la mente enferma de algunos dedos temblorosos.
Y viene a mi la tierra, tragándoselo todo, emitiendo zumbidos guturales desde lo más profundo de su ser, gimiendo en su muerte mientras devora vidas. Segando las almas de caricias olvidadas en un ayer que nadie conoce, pero que fue el más real de todos los tiempos pasados.
Es en el desconocimiento donde nace el atrevimiento, pues la ignorancia siempre fue la base de la valentía. Ese guerrero que se lanzaba a la batalla menospreciando a su enemigo precisamente porque no sabía a quién se estaba enfrentando. Lenguas insidiosas rellenas de veneno que no tardan en desmembrar un mito que jamás existió, ni existirá nunca. palabrería atizada en la chimenea de la desgana, y su humo evaporado como el alma en la muerte, desvaneciéndose y fundiéndose con el cielo, mojando de lluvia las caras de los mismos necios que trataron de desvirtuar la voz de un demente.


Y dar por finalizado un sueño voluntariamente. No quiero soñar más.

martes, 18 de junio de 2013

Furia berseker.

Los gritos rebotan en sus cabezas como una pelota, sólo hay voces rasgadas y alaridos ensordecedores atizando sus oídos. A puño y espada, asaltan el campo de batalla como primera oleada, firme, cruel, despiadada, fría. Sólo el sentimiento de rabia está presente en ellos. Asesinan sin cuartes ni remordimientos, sin lástima ni compasión, arrasan con todo. A su paso sólo se oye el ulular del viento, aterrorizado ante las horribles visiones de los cadáveres que esas bestias dejan después de la batalla. Los ojos inyectados en sangre proyectan miradas de odio y muerte. No escuchan, no sienten ni padecen. Ni siquiera hablan, sólo gritan y corren por la hierba que muere al ser aplastada por su furia. El pasto se tiñe de rojo cuando entran en combate, y las caras de los enemigos son puras muecas de angustia y dolor. Brazos, piernas, cabezas, cualquier cosa sirve como trofeo, puros animales, guerreros despiadados.
No existe motivo ni arenga, sólo la lucha como forma de vida. Matar sin ningún tipo de remordimiento, sin ningún tipo de norma o regla, solamente por amor a la muerte, amor al odio, adicción a la sangre. Sus cuerpos repletos de cicatrices son salpicados por la sangre de aquellos que caen en sus manos, ante su afilado y frío acero. Puras máquinas de matar, en grito y salto, a vaivenes de espada y mandoble que cercenan gargantas. El gorgoteo de la sangre al asesinar a sus víctimas aumenta su ira, y se vuelven aún más descontrolados. Ya no hay vuelta atrás, lamiendo la sangre de su espada, la furia berséker se ha desatado. Y ya no hay cadenas, no hay dolor. No hay humanidad.


Cuando el sentimiento humano se evapora, sólo queda actuar como una bestia. Para las bestias, el dolor es una sensación más, sin ningún tipo de singularidad, ni ha de ser tomada como algo negativo. Disfrutan del dolor como disfrutan del placer, y ahí reside, básicamente, su insaciable cólera y sus ansias de muerte. Porque en esta vida, a lo único que se le teme es al dolor. Única y exclusivamente al dolor.

lunes, 3 de junio de 2013

Vuelve.

Estoy comenzando a plantearme la realidad de que no existas, y por eso te escribo y te pienso, por eso vivo esa necesidad imperiosa, para que cobres vida por fin. Que tu cabello me azote en la cara y me abrace tu piel. Tener tu amor por castigo. Que mi mente te dibuje a cada momento, y que ese momento sea eterno. Morir tranquilo si es contigo. Escribirte hasta que me sangren los dedos, vivir de tu sangre, que la única comunión, el uno con el otro, sea cada noche a los pies de tu cama. Oír tu voz como música en mis oídos, escuchándote gemir y jadear, aunque sea en mis sueños, plácidos sueños. aunque tenga que soñarte haciéndome el amor, y retratarlo todo a tiempo real dentro de mi mente, sólo dentro de mi mente, gritándome por dejarte escapar. La curvatura de tu voz, tan apetecible como la de tu cintura, suave, blanca, pura. Tu piel casi transparente perlada por el sudor, tímido entre tus poros, deslizándose por todo tu cuerpo, atreviéndose a explorarte. Con la pluma en la mano, sangrando estas letras, pidiéndoles que no desaparezcas jamás, no perderte entre los oscuros rincones de mi mente, no te desvanezcas de nuevo, no me dejes.
Quédate, por favor. Pedirles, gritarles, rogarles, suplicarles por mi vida y tu recuerdo que sigan permitiéndome poder amarte, describirte, sentirte más conmigo.
¿Por qué será? quizá me falte valor para conocerte. Quizá ya te conociera desde antes de saber que soy capaz de guardar tales recuerdos.  Y quisiera recordar todo aquello no vivido pero que con tantísimo ansia anhelaba vivir, que volvieras aunque nunca te hubieras ido.

lunes, 13 de mayo de 2013

Sueño paradójico.


—Te dije que desaparecieras. —Dije con la voz ronca y condicionada por la sorpresa.
—Hola.
—Te dije... —Tomé aire y solté un suspiro de paciencia. —Te dije que desaparecieras.
—Sabes que no puedo.
Su voz sonaba dulce, como siempre. Sonaba nostálgica, sonaba a recuerdos vacíos mezclados con pasos en un bosque. Sonaba a sexo entre las rocas. Su voz sonaba a ilusión que resplandecía mientras se quemaba por dentro, e implosionaba. Su voz... aquella voz me taladró el tímpano, mientras me empujaba un lateral para abrirse paso.

—Hola...

Repetía una  y otra vez, instalándose en mi mente, penetrando en mis sueños. Y no desaparecía, parecía que no pretendía irse. Saludaba, con las manos cargadas, mientras mi almohada, empapada en lágrimas, sangraba sombras.
Saludaba como quien no quiere la cosa, como quien lo olvida todo. Estaba segura, estaba dentro de mi, estaba brotando desde lo más profundo de mi ser, y no podía hacer nada. Quizá se aprovechara de eso.
Si. La vi. La vi quedarse dormida dentro de mi mente, la sentí caminar por los estrechos pasillos de mi comprensión. La vi ablandarme el alma mientras no podía defenderme. Volvió a aparecer, más clara aún.
—¿Qué haces aquí?
Mi voz resonó con un incómodo eco. Y tan siquiera una mirada como cómplice antes de desaparecer entre niebla y agua en aquella habitación. Condenada el ostracismo en mi propio reino. Sabía que no había muerto, allí estaba, y aquí está, de hecho. Rondando en mi piel, cada centímetro cubierto por su halo, su maldito halo.

Cada línea escrita era parte de ella, cada mechón de pelo sirvió para una precisa descripción. Cada palabra se hace redundante en el recuerdo, sin querer. Sin querer.

—Hola... —Una mirada colmada de tristeza, con las cuencas vacías, con el corazón latiendo en la mano. Un saludo triste y desconsolado disfrazado de luces y de color. No entendía nada. No quería terminar de escribir, no quería pensar que, quizá ella no, pero la otra puta insidiosa se marcharía para no volver. Que no volvería a poseer mis dedos, que lo que siento ahora sería imposible sentirlo más. Pensaba, casi con toda certeza, que no quería ser nada certero. Desde luego, la incertidumbre que me invadía no era competencia para el desconcierto, que mi sangre, tan sucia, no la tocarían esos labios. Sin duda, ella no la abrazaría. Pero ahora si, ahora lo hace. Ahora le abraza. ¿Por qué? Me preguntaba sin poder despertar. ¿Por qué? Me preguntaba aún más fuerte. ¿Por qué...?

"Sabes que no puedo, no puedo desaparecer... Hola." ¿No puedes? ¿Por qué?

Porque nadie es consciente de lo que sueña, hasta que lo sueña consciente.

martes, 30 de abril de 2013

Nadie con quien hablar.


Sobre las líneas que jamás se escribieron duermen las conciencias más inquietas, repletas de culpa. De imaginación peligrosa, de mente enferma, de deseos llenos de gloria, gloria manchada de sangre. Siempre hay una historia para alguien que no desea contar la suya, el consuelo de un pobre diablo, de una voz encerrada en el miedo, de una épica abstracta y oscura. Duerme en la verborrea la inseguridad y el nerviosismo, siempre vigilante, pero entre sueños y algodones.

Despertándose entre burlas y párrafos emborronados, saltando borracho sobre las letras. El miedo no sólo surge de noche, no es  en ella donde se encuentra el peligro, las alimañas, la pura decadencia. Es en ese oscuro lugar donde mora el peligro, donde se llora de pena, donde se interpretan los temores. Allí donde todos sabemos.
Donde se controla todo es donde más se desajusta aquello que nos hace actuar con humanidad, allí en la cima, allí desde donde todo se ve, y todo se escucha. Volviéndose enfermo, pudriéndose, engañándose, no sabe salir.

Qué miedo más etéreo y surrealista. ¿Lo estaré viendo sólo yo? ¿Será de verdad? Será, será...
Y ojalá lo fuera. Saber que se  le teme a algo real y no a los fantasmas de la mente, a los demonios imaginarios, a la inspiración dormida. A esa mala puta que dice que llamará y nunca llama.

Y es allí donde la voz calla, donde se despiertan las ilusiones a las seis de la mañana para irse de viaje y no volver jamás. Donde no hay nadie con quien conversar. Con los fantasmas violando la estabilidad de tu equilibrio, con los demonios sodomizando la inspiración, deseando terminar, morir estrellados contra la pared del ego en una orgía de basura y desechos.

Y es allí donde la voz calla, pues los monstruos de debajo de mi cama ya no están. Se han ido. Y ya no tengo a nadie con quién hablar.

miércoles, 17 de abril de 2013

Ojalá pudiera...


Ojalá pudiera coger una cuerda de piano y atarte a una silla. Poder agarrar la cuerda y mientras me miras, con cara de angustia, y lágrimas de terror en los ojos, acercarla lentamente a tu cuello. Susurrarte al oído que vas a morir, que ya queda poco, que no hay vuelta atrás, que quizá después de la muerte ya no haya nada más que vacío y soledad. Sentir tu miedo, lamer tus lágrimas, ojalá pudiera sonreír con cada mueca de terror que hiciera deformar tu miserable cara. Ojalá pudiera comenzar a estrangularte con la cuerda, mirándote a los ojos, observando cómo se vuelven rojos por la sangre, y cómo tratas, inútilmente, de salvar tu triste vida suplicando piedad. Sentir con gusto cómo se apaga tu vida, cómo la llama de tu corazón se convierte en hielo. Saborear cada detalle y cada momento de tu muerte con mis manos manchadas de sangre, sentir cómo un agradable escalofrío recorre mi espalda al ver que no puedes respirar, y que el pánico más absoluto recorre tus entrañas a la velocidad del rayo. Ojalá pudiera ser consciente de que sientes auténtico miedo, en la más pura y completa acepción de la palabra. Que supieras que tu vida toca a su fin, que suplicaras con toda tu alma que después hubiera otra vida. Poder salvarte. Y cuando tu cuerpo yazca muerto, maltratado, desfigurado, deshonroso y para nada pulcro, saborear cada corte que se deslice por tu piel hasta llegar a los huesos, que acabarán hechos astillas maltratadas por mis golpes poco certeros. Convertir tu cuerpo en una amalgama de carne, sangre y odio, mientras observo cómo, convertido en sopa, se disuelve en cal viva. Y reír a mandíbula batiente al ver cómo te conviertes en la nada, y la nada se funde contigo en un ácido y amargo final infinito.

Ojalá...

martes, 9 de abril de 2013

Allí donde tú estés.


Yo estaré allí donde tú estés...

Pensaré por ti, y sentiré por nosotros. y cuando te sienta latir aquí dentro con la fuerza del vendaval de sensaciones que me haces sentir nada más abrir los ojos por la mañana, podré escrimir entre sollozos de alegría y puro amor carnal un sonoro Te quiero al aire, rompiendo la barrera del sonido, y desnudando las nubes hasta que su pavor pueda ser observado por los ángeles, los cuales clamarán de nuevo tu presencia, y se preguntarán por qué marchaste de su vera.

Y clamarán con mil trompetas de oro el pasillo por el que caminarás a tu gloria, con la espalda descubierta y ese fulgor ardiente en los ojos. Sonarán aullidos de clemencia ante un espejo que niega la realidad, pero quiere verla aún así, tocando la verdad con la punta de los dedos. Alzando la vista más allá de las estrellas, sentir la brisa polar penetrando entre las grietas diminutas de tu piel de porcelana, llegando hasta tus músculos para acabar perlando tus huesos, y serás la materialización de la joya que fuiste cuando hablabas sobre la Tierra.

Volverán a nacer los recuerdos por los que paseabas con las manos frías y las orejas desnudas, con vidrio en los ojos y basura en el corazón. Cuando la arena de tu sangre fue depurada por la fuerza de voluntad que te caracteriza. Mirando a los Dioses por encima del hombro, sobre el que reposará tu cabello ardiente, con el fulgor propio del Infierno, sirviendo a la causa celestial.

Al fin serás letras.

jueves, 4 de abril de 2013

Plácida e inocente. (Eva)


Entró en la gélida habitación y cerró la puerta. Observó su delicado cuerpo tumbado en la cama, prácticamente desnudo, apenas cubierto por un camisón de seda transparente, que dejaba ver absolutamente todo su cuerpo, pero adornado con el cristalino reflejo de la tela, que acariciaba su piel. La luz de la luna realzaba perfectamente su cuerpo.

Dormía plácida e inocente, con la ventana abierta, y las cortinas se mecían levemente al paso de la brisa que enfriaba aún más la habitación. Las mantas brillaban por su ausencia, y sólamente la sábana bajera conseguía hacer contraste carmesí con el cuerpo de porcelana que estaba aposentado sobre ella, completamente dormido.
Su cabello, ardiente como el infierno, se movía como se mueven las briznas de hierba en el viento, desparramado sobre la almohada. Sus manos, boca arriba como ella, descansaban una a la altura del mentón, y otra a la altura del pecho cubierto levemente con su nueva piel de seda, el cual se contraía y se expandía con cada pequeña bocanada de aire que entraba en sus pulmones a través de su boca entreabierta.
Su pierna izquierda estaba levemente apoyada, casi en ángulo recto, sobre la otra, y sus pies, perfectamente cuidados, no conseguían tocar el borde de la cama por unos pocos centímetros.
La miraba tan perfecta que le daban ganas de llorar. De pie, totalmente quieto, sin saber muy bien qué hacer. Levantó la mano para limpiarse, aún atónito, un hilo de saliva que había conseguido escapar de su boca, por entre las comisuras.
Se mordió los labios y volvió a observar su cuerpo de arriba a abajo, escaneando cada centímetro de su figura, sintiendo cada pincelada que sus ojos dibujaban en su cerebro, introduciéndose en todos los recovecos de su piel y saboreándolos con la mente.

Sabía que ella era una fruta prohibida. No le consentiría ni un sólo atrevimiento, pero la tentación era brutal. Su cabeza no hacía más que imaginar movimientos de cadera al ritmo de sus respiraciones. En ese momento, observándola durmiendo, plácida e inocente en la cama, podía ver dentro de su mente como se dibujaban sus cuerpos y comenzaban a hacer el amor desenfrenadamente  Era su pasión, su obsesión secreta. Su castigo sentimental y su anhelo más profundo. Se imaginaba cómo sería agarrar con firmeza, pero con ternura su pelo rojo en mitad de un clímax. En su cabeza, ella cabalgaba sin parar sobre su sexo mientras juntaban sus manos y se disparaban miradas de placer.

Su imagen por castigo y su imaginación como verdugo. Marchándose con la pena como compañera, y los ojos inyectados en sangre de la impotencia de no poder desatar la pasión que sentía por ella. Sintiéndose culpable por no poder tenerla, por no poder notar el leve susurro que dejan las manos al acariciar su cintura, como el rasgueo de un lápiz sobre un papel. Cerró la puerta tras de si, con las lágrimas suicidándose desde sus mejillas, y una sensación de arrepentimiento brotó desde su estómago hasta su cabeza al escuchar un "vuelve, insensato" que resonaba terroríficamente en su cerebro. Rápidamente echó la mano a la manilla para abrir la puerta rompiendo el sigilo con el que había entrado minutos atrás.

Pero ella ya no estaba allí. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Odio.


No sé si estoy lleno de odio o es el odio el que está repleto de mi. Me consume, me posee, y se alimenta. Soy la explosión de la caja de Pandora, el puro terror, la muerte, la maldad, y la desolación.
Quiero vomitar sangre sobre cuerpos mutilados en una capilla de voces acalladas por los nudillos de la adversidad. Maldad a ultranza, el nivel más extremo de lo obsceno y glorioso a partes iguales, negrura celestial invadiendo todos los rincones de mi piel, mis brazos rezumando sombras, feroces y descontrolados, clamando venganza.

Poder apuñalar carne muerta, desgarrando los músculos con mis propias uñas, pues la muerte llegó cuando ya era tarde, y que los gritos de dolor penetren en mi cabeza y reboten en ella haciéndome sonreír. Disfrutar de la violencia que se introduce en mi cuerpo y recorre mi sistema nervioso dejando la humanidad a un lado. Convertido en bestia, con apariencia humana, comportamiento animal, con la rabia inundando mis ojos repletos de sangre, desorbitados y perdidos en el infinito.
Odio en los pulmones, respirando veneno y fuego haciéndome explotar el pecho. Absoluto descontrol y desenfreno cayendo sobre mi piel purulenta en forma de lágrimas. Y con el único arma de mis manos, conseguir la anhelada soledad, y resurgir desde las profundidades de un océano de lodo y barro tintado con sangre y sudor.
Sociopatía extrema perlada de saliva, tanta hambre, desidia, querer morder mis propios nudillos hasta carcomer el hueso ensangrentado que sostiene mi cuerpo, y estallar en declaraciones de guerra al no soportar el dolor. Gritarle al cielo, sodomizando la bondad, haciendo que las voces que devoran mis entrañas cierren su sucia boca. Llegar a la felicidad plena en sapiencia del infinito e insoportable sufrimiento de los demás. Una burla al amor del prójimo, asesina y cruel, despiadada y pútrida. Sentir su alma estallar en mil pedazos y sus cuerdas vocales desgarradas azotando la espalda de quienes las usaron para contraargumentar mi insoportable agonía.

Marcas lacerantes abiertas que rompen todas mis venas. Ya no hay esencia vital, sólamente lava y lejía devorando las células que se adueñan de todo lo humano que pudiera haber existido en mi. Gritar en la boca de mi enemigo, asustando su rostro con el ácido corrosivo de mi saliva ardiente. Agujerear su piel en un desahogo eterno que mutila cuerpos condenados al ostracismo de la propia vida. Aplastar su cráneo con pisadas de justicia y sentir inmensa alegría al escuchar el crujido de los huesos al romperse dentro del cuerpo de su dueño. Disfrutar con su agónico trance.

Gritos ahogados de vísceras vomitadas sobre el dolor, reventando sus intestinos quemados por el ácido de la discordia. Pura culpabilidad llevada a una esquizofrenia que hace imposible el perdón. Sin piedad, ni remordimientos. Sólo existe el odio.


Después, llegará la soledad, y con ella, la felicidad y el descanso.