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viernes, 14 de mayo de 2010

Mala época

Sin ganas para escribir, ni relatar, ni nada. Sin energía ni en las yemas de los dedos para crear historias o relatos.
Sin inspiración ni ganas. Mi mente la ocupan otras muchas cosas.

Lo siento.

domingo, 9 de mayo de 2010

Las apariencias engañan. Parte 2 (otro contexto)

Entró en la consulta y se sentó en el diván.
El psiquiatra, con el que ya llevaba 4 años, no se sorprendió al ver sus ojos hinchados por los sollozos que habían entristecido tan paupérrima existencia.
-Bueno… Cuéntame, ¿qué te trae otra vez por aquí?.
La voz aflautada del psiquiatra le relajaba bastante. Y sentía comodidad a su lado, alguien con quien poder desahogarse sin temor a represalias.
-No puedo más.. Cada vez que intento hacer algo bien me sale todo mal, y se enfada conmigo.. me insulta, me ningunea, me humilla.
Hablaba levantando las manos, y con la voz temblorosa, intentando no llorar. La adversidad le podía, y necesitaba contarlo todo. Continuó su relato:
-¿Sabes? Cuando llego a casa de trabajar y le digo que le quiero, sólo me dice que me calle y que no le interesa. Comemos en silencio y me hace el vacío. Cuando intento hacer algo que le agrade sólo recibo insultos. Le hago regalos y los tira a la basura. Y… empiezo a tener miedo.
-Bueno, sabes que eres la persona con más fuerza de voluntad que conozco, y que me alegro de que tengas el valor de venir a contarme todo. ¿Sabe que comentas esto conmigo?
-No, no sabe nada. Imagínate que se lo cuento.. Es capaz de… de.. no sé…
El psiquiatra vaciló.
-¿Qué temes?¿Qué es lo que te preocupa?
Comenzó a llorar. No podía soportar la presión, y las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos tristes. Mientras intentaba tranquilizarse, comenzó a escupir convulsas palabras.
-Tengo miedo de lo que pueda pasarme físicamente. Mi mente ya la ha destruído, así que tengo verdadero temor de lo que pueda pasar.
-Eso no debería preocuparte, ya que tu complexión física es más completa que la suya. ¿No?
-¿Y qué? Puede coger un cuchillo y matarme mientras duermo. O puede echarme arsénico en la comida. O incluso podría pagar a alguien para que lo hiciera.
El psiquiatra no se inmutó ante tamañas acusaciones, pero preguntó:
-¿Le ves con una mente tan malvada como para hacer algo así?
-¡Mírame! – Se señalaba con las manos, y se miraba de arriba abajo, de los pies al pecho (lo que alcanzaban sus ojos hechos fuente) – Me ha convertido en la desgracia personificada. Cuando me casé soñé en ser feliz, en tener dos hijos y un perrito, con una casa en el campo, y poder ir los domingos a comer a casa de mi suegra. Quisiera que al llegar a casa y que me abrazara, que me preguntara qué tal el día, y que cenáramos juntos enfrente de la chimenea para luego tumbarnos en un inmenso sofá para ver el crepitar del fuego reflejado en nuestras pupilas mientras acariciamos el pelo de nuestros hijos dormidos…
-Eso es muy bonito, pero debes llegar al mundo real para poder superar tus problemas. ¿Por qué no lo denuncias?
-¿Crees que me harían caso?
-¿Y por qué no?
Dudó antes de hablar, pero al final encontró las palabras adecuadas para seguir llevando esa conversación con entereza.
-Hay muy pocos hombres maltratados.
-Y muchas mujeres más crueles de lo que nos imaginamos Bruno, pero eso no puede ser óbice para que no te atrevas a denunciarle. Ella se lo merece.
Se levantó del diván y se secó las lágrimas. Inspiró. Le dio un abrazo a su psiquiatra, y después de 5 minutos de arenga, como si de un Marine en plena zona de guerra se tratara, salió de la consulta, con su pecho y su valor por delante, dispuesto a cambiar su vida, su triste y maltratada vida.

domingo, 2 de mayo de 2010

Diario de un Camarada (Parte 2)

Diario del Sargento D.M.M. 23 de Abril de 2011 (grabado en radio).

-Conexión entrante-

Acabamos de volver después de 6 meses de trabajo. No fue nada serio, pero tampoco se puede decir que lo hayamos pasado bien.

El primer mes estuvimos haciendo ejercicio como unos locos, hasta que a Ramirez se le partió un brazo levantando pesas. Se ve que 100 Kilos eran más de los que podía soportar, y cuando intentó levantarlos, el brazo se le dobló hacia atrás emitiendo un sonido poco agradable. ¿Alguna vez habéis partido una nuez? Haceos idea.

El segundo mes lo pasamos en una especie de convoy de la cruz roja. Estábamos escoltando a los vehículos que trasladaban heridos a la base médica para que no ocurriera nada. Una vez rehabilitados y curados les devolvíamos a sus ciudades natales. Un niño me preguntó:
- Señor, ¿por qué lleváis armas si nosotros somos buenos?.
No le contesté. No por otra cosa, sino porque no sabía muy bien qué contestar.

El tercer mes lo pasamos en el perímetro de una escuela sunnita, donde unos musulmanes radicales habían secuestrado a una clase llena de niños.
Al final conseguimos sacarles gracias a diversas negociaciones. Pensé que las cosas se nos iban a ir de las manos y que esos pirados con turbante comenzarían a masacrar a esos pobres cuerpecillos, pero llegamos a un acuerdo con muy buen criterio y todo salió a pedir de boca. Los asaltantes están en una prisión pendientes de juicio.

El cuarto y quinto mes los pasamos a la intemperie en un ejercicio de supervivencia natural en el desierto afgano. Hubo 4 desmayos, un herido por un animal salvaje y yo casi la diño de una insolación. El agotamiento y la sed extrema casi nos vuelven locos, y por poco acabamos peleando por la última cantimplora de agua.

El sexto mes lo pasamos recogiendo todo el campamento y preparando los helicópteros y aviones para volver a casa. Ahora tengo un mes de vacaciones, 16000 € más en la cuenta, y la sensación de haber vuelto a nacer.

Parece mentira que hayamos estado de maniobras en Afhganistan.

-Cierre de conexión-