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lunes, 3 de junio de 2013

Vuelve.

Estoy comenzando a plantearme la realidad de que no existas, y por eso te escribo y te pienso, por eso vivo esa necesidad imperiosa, para que cobres vida por fin. Que tu cabello me azote en la cara y me abrace tu piel. Tener tu amor por castigo. Que mi mente te dibuje a cada momento, y que ese momento sea eterno. Morir tranquilo si es contigo. Escribirte hasta que me sangren los dedos, vivir de tu sangre, que la única comunión, el uno con el otro, sea cada noche a los pies de tu cama. Oír tu voz como música en mis oídos, escuchándote gemir y jadear, aunque sea en mis sueños, plácidos sueños. aunque tenga que soñarte haciéndome el amor, y retratarlo todo a tiempo real dentro de mi mente, sólo dentro de mi mente, gritándome por dejarte escapar. La curvatura de tu voz, tan apetecible como la de tu cintura, suave, blanca, pura. Tu piel casi transparente perlada por el sudor, tímido entre tus poros, deslizándose por todo tu cuerpo, atreviéndose a explorarte. Con la pluma en la mano, sangrando estas letras, pidiéndoles que no desaparezcas jamás, no perderte entre los oscuros rincones de mi mente, no te desvanezcas de nuevo, no me dejes.
Quédate, por favor. Pedirles, gritarles, rogarles, suplicarles por mi vida y tu recuerdo que sigan permitiéndome poder amarte, describirte, sentirte más conmigo.
¿Por qué será? quizá me falte valor para conocerte. Quizá ya te conociera desde antes de saber que soy capaz de guardar tales recuerdos.  Y quisiera recordar todo aquello no vivido pero que con tantísimo ansia anhelaba vivir, que volvieras aunque nunca te hubieras ido.

4 comentarios:

  1. La propia imaginación puede hacernos sufrir tan despiadadamente que cabe preguntarse si la felicidad no es en el fondo ese sufrimiento...

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