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lunes, 26 de septiembre de 2011

Quiero tantas cosas... Sólo dolor.


Quiero tantas cosas... sólo que ellas no saben lo que quieren.

Quisiera quedarme en la cama tumbado, esperando. Dejando que la vida pasara, a ver qué pasa. Y si quiere, que pase.
Pasaría sin pena ni gloria, sólo si quisiera, pero quiero, creo.
Creo que quiero tantas cosas que no doy abasto. Porque no quiero tanto dolor, quiero que pase.
Tantas cosas que se me pasan por la cabeza... Como una bola de hilo enmarañada en el cerebro. Millones de ebras envenenadas latiendo y desordenándome las ideas. Nada está claro, y no sé lo que quiero, pero quiero que pase, creo.
Qué labios ponzoñosos, qué ideas tan malvadas. ¿Por qué?. No quiero porqués, quiero poder pensar con claridad. Quiero tantísimas cosas... quisiera poder interpretar los sentimientos y las sensaciones como pensamientos, poder moldearlos. Sería todo tan fácil. Claro que no querríamos a la gente como la queremos, creo. Supongo, claro.

Cuánto dolor está latiendo ahora mismo en mi cerebro. Por dentro, y no me deja en paz. Cuando rompes un corazón, parte de ti muere con él, pero es inevitable , es la vida, esa puta odiosa. Esa maldita fémina sin piedad.
Ahora, mi conciencia me odia. mi moral se resiente, y mis ganas de vivir supuran, me miran, niegan con la cabeza, esbozan una mueca de asco y se dan media vuelta con la cabeza gacha y se largan con paso firme y con las manos en los bolsillos.
Quiero tantas cosas; quiero la felicidad, quiero un pasado mejor, quiero que no afecte a los sentimientos el pretérito. Quiero que la vida ponga a cada uno en su lugar, y que sea la propia vida la que castigue en vida. La muerte no es castigo, la muerte es descanso. Quiero ser feliz a toda costa, pero si el sentimiento de felicidad es querer morir, no quiero sufrimiento ajeno, por tanto, ¿A toda costa?.
Si de lágrimas de unos padres se tratara.
Cuán fácil resultaría un pasado mejor, y poder quere que nada volviera a ser como fue. Si, volviera a ser como fue.
Poder sentir el sufrimiento de un pasado con la rabia de tus propios errores, querer cambiar todo. Todo. Todo. Todo.
Escribo como si me fuera la vida en ello. ¡La vida! me gritan. Ya se fue con "ello", lo siento, letras, pero llegáis tarde. Escribo mirando a las paredes, mirando al techo buscando alguna erspuesta en algún recobeco donde no haya una mirada acusadora. ¿Ahora es cuando quieres escribir? Ahora es cuando estás sintiendo lo que escribes, pedazo de mierda. Ahora es cuando te das cuenta de lo que quieres.... Creo que no, creo que ya es tarde para darse cuenta de muchas cosas. Haberlo pensado antes, ahora ya es tarde.
Adelante, sigue, sabes que no estás pensando en lo que escribes, sólo fluye. Todo sale solo, como un manantial que deja caer su pureza elemental sobre la Madre Tierra. Ahora es cuando liberas tu alma y te das cuenta de lo que es tu vida. Misantropía furiosa. Ahora por tus venas sólo hay confusión y rabia.ç
¿Has terminado? Me acusas. O me acuso. Vamos, cuerme, ya no sabes ni lo que escribes, ya no sabes ni lo que piensas, ya no sabes ni lo que quieres pensar, ya no sabes nada. Y si no sabes, mejor cállate.
Mándales callar a tus demonios, vamos. Muérdete el labio inferior mientras sientes como tu poderosa verborrea se lanza contra la pared del Ego hasta dar de lleno con la esencia de lo que pretendes escribir. ¡Ahora lo siento!

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Y sólo silencio en la mente... Con la misma bola de hilo enmarañada con forma de confusión... qué más da... total.... vas a salir perdiendo hagas lo que hagas.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Sin título.

De todos modos eso es la vida.... Esperar y esperar sin saber que sólo queda una amarga decepcion al final, generalmente con sabor a triste alcohol. Y cantos desesperados sin poder llegar a ser música. Por favor, necesito música. Tal vez no la música así como se conoce. Algo de luz por favor, necesito claridad con la que pensar. Algo de luz con la que poder ver algo. ¡mis ojos! Joder, no sé por que queman si no hay fuego, sólo tristeza, vacío, frío, oscuridad.


Escribo y sólo hay lágrimas. Vamos mis niñas, ¿Por qué me traicionáis ahora? Maldita sea. Siempre habéis estado ahi. ¿qué coño os pasa? Joder, os quiero aqui. Aquí y ahora. Sois de mi propiedad. Yo os he creado, maldita sea. Yo os he dado un sentido, yo os hago valer algo, soy yo por el único por el que existis. Soy vuestro amo, vuestro dueño, vuestro señor, y exijo obediencia y presencia ¡Ahora! ...









...


















De acuerdo.... Ahora no sé cómo tomarme este silencio.






No sé si os odio o es que os amo demasiado

jueves, 22 de septiembre de 2011

Eva (anexo 1)


De: Roger Woods

Para: Eva Swall

Hola, Eva. Cuánto tiempo sin tener noticias tuyas.
Me agradó muchísimo tu carta, pero no tanto las noticias que había en ella. ¿Estás bien? Espero que si, aunque siendo sinceros, las cosas pintan mal ¿eh?.

No has roto un plato en tu vida, eso es bien sabido. No obstante también sabes que no eres tan inocente como tu dulce cara intenta hacerte aparentar. Eva ¿Cómo es posible? ¿Qué diablos tienes en la cabeza?
No he llamado a tus padres, porque a saber qué escándalo pueden montar, pero imagino que podrás entender que estén preocupados. Han llamado a la residencia y han preguntado por ti varias veces, todas sin respuesta claro. Tampoco queremos avisar a la policía de momento, ya que la anterior vez que desapareciste apenas pudieron hacer nada. Dónde te habrás metido...
Podrías haberlo concretado en la propia carta, pero imagino que nunca cambiarás, cabeza loca. Maldita cerilla descontrolada.

Eva, te envío esto a tu correo electrónico esperando y confiando en que si has tenido medios allá donde estés para poder escribirme, tendrás medios para poder acceder a Internet. O no sé... Ponte en contacto conmigo en cuanto puedas, y me cuentas con más detalle lo de ese tal Otto.

No te digo que no cometas locuras porque ya es demasiado tarde para ello, pero recuerda que cada uno es responsable de sus actos cuando tiene más de dieciocho años.
Piensa en los que te amamos queremos. ¿Vale?

Siempre tuyo, "Roc".

viernes, 16 de septiembre de 2011

Él es mi hermano.


Podría pasarme horas y horas escribiendo todo lo que siento por ti, pero ya lo sabes.
Podría pasar 17 años y muchos meses sin haberte dado un abrazo todavía, y saber que te quiero por encima de mi propia vida.

Podría decir miles de cosas bonitas, pero no serían más que paparruchas y fanfarronadas. Y aunque me cueste admitirlo: No, no puedo superar aquello que te escribí hace un año.
Puedo escribir cosas preciosas, naturalmente, pero jamás podrán parecerse un ápice ni a la décima parte de lo que siento por mi hermano.

No me salen las palabras, Carlos. Desde siempre, siempre, siempre has estado ahí.
Con lágrimas en los ojos puedo decir que estoy orgulloso de poder sacarte en cualquier conversación, de poder presumir de tenerte como hermano, de poder decir: oh ¿Véis ese grupo de percusión? El que está a la cabeza, y el que dirije la banda es mi hermano. O de saber que cuando se acerquen navidades, o mi cumpleaños, tú estarás ahí para acertar de pleno y sin que yo te dijera nada con cualquier cosa.
Orgulloso de tener en la habitación de al lado a un chico que sé que lo daría todo por mi, igual que yo lo daría todo por él, y que sé que aunque a veces haya típìcas broncas fraternales, nos queremos como un padre a un hijo, como un perro a su cachorrito, como un gorila a su bebé primate. Y siempre recordaré ese día que faltaste al trabajo sólo por mi, por mis miedos absurdos, y cuando no podía dar más de mi, y apenas tenia fuerzas para vivir incluso, aportaste luz a mi vida.

Y siempre resonará en mi cabeza esa frase que me dijiste cuando cierto abusón se metió conmigo: "Ah.. ¿Sí? Pues dile que tienes un hermano mayor, que si me quiere conocer". No puedes imaginar la tranquilidad y el desasosiego que sentí en ese instante.

No puedo darte nada más que estas líneas. Directamente del corazón a tus ojos.
El amor es el sentimiento más complicado que hay. Contra más complicación, más amor.
Creo, hermano, que ambos somos demasiado complicados.










Felices 25.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Eva (5)

CAPITULOS ANTERIORES:
Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4

Otto, se sentó en la cama y observó el suelo mientras apoyaba los codos sobre las rodillas, y a su vez se sujetaba la cabeza colocando la palma de las manos sobre su frente, retirándose el pelo que se le deslizaba por la cara como un arroyo castaño.

Después, suspiró un par de veces, mientras los ojos de Eva se empañaban y su mirada caía perdida, como la pregunta que había hecho hacía nada, hacia las arrugadas sábanas de la cama.
Otto se levantó desnudo y avanzó hasta el cuarto de baño, sin tardar más de 2 minutos en volver, portando en una mano un espejo, y en otra una caja metálica no más grande que un puño.
Abrió la caja cuando hubo colocado el espejo encima de la cama, y vertió un polvo blanco encima de la superficie reflectante. Después, sacó de la misma caja un trozo rectangular de plástico el cual parecía una tarjeta de crédito, y formó una raya perfectamente alineada con ese polvo blanco, de consistencia muy parecida a la harina. Después arrastró el polvio sobrante de nuevo a la caja.
Eva volvió a levantar la mirada, y observó la cabeza de Otto moviéndose rápidamente de izquierda a derecha con un sonido muy desagradable.

- ¿Tampoco vas a hablarme de la ralla de coca que te acabas de meter? - Ni el registro tan grave que Eva escupió podría haberle hecho perder un ápice de dulzura.

Las palabras de la pelirroja resonaron en toda la habitación, y otto permanecía en la misma posición en la que se había quedado después de haber esnifado aquel polvo blanco.
Se quedó mirando a la nada durante unos minutos, y después cerró la cajita plateada, la colocó encima del espejo, y las dejó en el suelo.

Giró su cuerpo para observar el de Eva, y se acercó a ella. Introdujo en su boca una lengua con sabor a amarga ginebra aún. Eva intentó apartar la cara, pero había algo que le llamaba a él.
Su cabeza era ahora un cúmulo de sensaciones. ¿Qué estaba haciéndo allí? ¿Cómo había llegado a esa situación? ¿Por qué estaba besando la fétida boca de un drogadicto? y sobre todo... ¿Por qué sentía que quería estar con él pasara lo que pasara?

Eva se colocó de rodillas sobre la cama, sin dejar de besar la boca de Otto. Las sábanas se escurrieron acariciando el suave cuerpo adolescente de Eva y las paredes sintieron vergüenza de su desnudez.
Otto adelantó la mano izquierda, y sujetó la cara de Eva con dulzura, mientras sus lenguas jugaban traviesas y se humedecían los labios el uno al otro.

Mientras besaba, pensaba. Apenas sentía, porque no sabía bien que sentir, pues había experimentado varias primeras veces en un sólo día. La primera vez que hacía el amor con alguien. La primera vez que veía a alguien drogarse. La primera vez que besaba a un chico. La primera vez que se sentía tan sucia como una basura de varios días al sol.


Necesitaba poner su cabeza en orden.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Eva (4)


Sin poder remediarlo, Otto dijo:

- ¿Cómo te llamas?

La voz grave pero infantiloide de Otto llenó la habitación, y Eva se estremeció, y se dio cuenta en ese preciso instante de muchas cosas.
Había compartido un momento único en su vida con un desconocido. "¿Cómo te llamas?" pensó mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. Su garganta comenzó a ennudecerse y su estómago comenzó a rugir; tenía hambre.

Los ojos se le abrieron como platos, y dejó de acariciar el pecho de Otto para incorporarse y retirarse un mechón de fuego de la cara.
Otto permaneció tumbado, con los brazos detrás de la cabeza, con su cuerpo torneado y desnudo, no tan blanco como el de Eva, pero sí con severas carencias solares.

Eva se sentó a su lado, utilizando su brazo izquierdo como punto de apoyo, y descansando sobre la cadera del mismo lado, con las piernas una encima de otra.

- ¿Soy la primera? - Perguntó Eva mirando las sábanas con los ojos empañados. El pelo había escapado de la espalda y dos mechones ardían por el reflejo de la luz que se filtraba por la ventana a cada lado de su cuello. El derecho tapándole más de lo que Otto hubiera querido, y el izquierdo congeniando con su hombro.

Otto miró el rostro apagado de Eva, y cómo su cabellera brillaba. Parecía como si de un momento a otro fuera a echar a arder. No sabía a qué había venido esa pregnta, y se puso un poco nervioso.
- ¿Cómo dices? - Preguntó Otto soltando una leve risilla.

Eva consiguió hacer más aguda su expresión, quitando tristeza y colocando seriedad. Otto pudo filtrar ese detalle antes de que eva dijera:

- No tiene gracia - Se hizo un silencio incómodo - ¿Vas a contestarme? - Dijo Eva por fin después de medio minuto.