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sábado, 3 de septiembre de 2011

Eva (4)


Sin poder remediarlo, Otto dijo:

- ¿Cómo te llamas?

La voz grave pero infantiloide de Otto llenó la habitación, y Eva se estremeció, y se dio cuenta en ese preciso instante de muchas cosas.
Había compartido un momento único en su vida con un desconocido. "¿Cómo te llamas?" pensó mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. Su garganta comenzó a ennudecerse y su estómago comenzó a rugir; tenía hambre.

Los ojos se le abrieron como platos, y dejó de acariciar el pecho de Otto para incorporarse y retirarse un mechón de fuego de la cara.
Otto permaneció tumbado, con los brazos detrás de la cabeza, con su cuerpo torneado y desnudo, no tan blanco como el de Eva, pero sí con severas carencias solares.

Eva se sentó a su lado, utilizando su brazo izquierdo como punto de apoyo, y descansando sobre la cadera del mismo lado, con las piernas una encima de otra.

- ¿Soy la primera? - Perguntó Eva mirando las sábanas con los ojos empañados. El pelo había escapado de la espalda y dos mechones ardían por el reflejo de la luz que se filtraba por la ventana a cada lado de su cuello. El derecho tapándole más de lo que Otto hubiera querido, y el izquierdo congeniando con su hombro.

Otto miró el rostro apagado de Eva, y cómo su cabellera brillaba. Parecía como si de un momento a otro fuera a echar a arder. No sabía a qué había venido esa pregnta, y se puso un poco nervioso.
- ¿Cómo dices? - Preguntó Otto soltando una leve risilla.

Eva consiguió hacer más aguda su expresión, quitando tristeza y colocando seriedad. Otto pudo filtrar ese detalle antes de que eva dijera:

- No tiene gracia - Se hizo un silencio incómodo - ¿Vas a contestarme? - Dijo Eva por fin después de medio minuto.

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