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lunes, 18 de marzo de 2013

Rostro pétreo.


Mi rostro pétreo vuelve a llenarse de musgo y vuelve a ser invadido por las enredaderas. En mi cara, esa gran losa de piedra, se dibuja una leve sonrisa, una sonrisa falsa atrapada entre barro y arena. Mis ojos, perfilados con martillo y cincel lloran sangre seca por el paso del tiempo, y mi cara se vuelve aún más rocosa y agrietada. El musgo invade cada recoveco y lo llena de verde, mientras la hierba crece dentro de mi cabeza, y mi cráneo se llena de insectos. Mis pensamientos son sólo arenisca, vendavales de agua y vida, que creía morir mientras más se petrificaba. Descansando muy dentro, mi alma ardiendo, tratando de estallar. Tratando de quitarse las cadenas, encerrada en esa prisión de piedra, hueso y piel. Latente, sangrante, sombría y temerosa, lucha por reventar de una vez por todas.
Trato de gritar, pero la piedra ni se inmuta, mis labios permanecen sellados, con ríos de cera escurriendo entre las comisuras, con la llama de un viejo recuerdo que se estrella contra mi, y el mi, se vuelve aún más duro.

¡Y quiero llorar! Pero no puedo. Mis lágrimas ¿Dónde están mis lágrimas? ¿Qué es esta desesperación que me recorre el pecho? ¿Por qué siento esto? Mi voz resuena en mi mente, y rebota en mi cráneo de mármol una y otra vez. El eco se hace  insoportable. Noto las miles de hormigas, escarabajos y gusanos arrastrándose y corriendo por debajo de mi piel rocosa. Me chillan, y no paran de gritar. Trato de llevarme las manos a la cabeza, pero me es completamente imposible moverme. ¿Cómo se controla esto?
Ojalá una catarata de pureza sobre mi. Ojalá fuego abrasador calcinando cada pliegue de mi piel, y penetrando en mis músculos, agrietándolos y haciendo estallar todos los órganos.

Todos los recuerdos de cuando tenía apariencia humana. Todas las sensaciones que pude sentir cuando aún tenía alma. No sé dónde habré dejado el corazón, pero sé que me late a mil por hora, a un ritmo vertiginoso y desenfrenado, una velocidad ridícula. Una pasión que me está haciendo implosionar en una mezcla de arena, insectos y sangre, que acabará reventando en una orgía de deshechos humanos. Una amalgama de órganos y arena lloviendo sobre la ciudad. No puedo soportar esta cárcel de roca abrasadora, mi alma quiere salir. Las manos me arden de una forma horrible, pero no puedo moverme para verlas. La angustia se apodera de mi, y la paranoia se instala como un virus en mi mente. Mi cabeza, repleta de porquería y podredumbre, sucumbe ante la virulencia de ideas macabras que recorren mi columna vertebral a la velocidad del rayo, y un espasmo involuntario me hace vibrar.
Por fin, un gemido gutural se abre paso desde el hueco más oscuro de mi interior, de pronto, de repente, espontáneamente, sin querer, obligándome a romperme, literalmente, en mil pedazos. Y siento cómo vibra todo mi cuerpo, mientras se descompone, y se esparce por el cielo.

Me siento caer en forma de lluvia sangrienta y podrida sobre la ciudad, sobre los rostros de la gente que, impasible, continúa con su vida, como el que oye llover. Ya no puedo gritar más.
Ahora sólo soy lluvia.


Pero sigo sin ser libre.

15 comentarios:

  1. Impresionada y maravillada me has dejado.

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  2. Impresionada y maravillada me has dejado.

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    1. Me pareces una imbécil ¿cómo puede gustarte esto?

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    2. Oye tu para gustos los colores vale? a mi la profundidad que Dani evoca en sus textos me parece prometedora, sigue así Dani :) un besote

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Increíble! Enserio...sigue así

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  5. Increíble! Enserio...sigue así

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  6. ¡Genial! Me ha encantado, como todos los demás, vaya.

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  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  8. Me encanta, me encanta y me vuelve a encantar.
    No me cansaré nunca de tu manera de ver el mundo, de comprender sentimientos y de liberar creatividad.
    Tus relatos son increíbles, Creo que sabes eso de sobra, ¿Cierto?
    No te dejes llevar por las fanfarronerías de unos cuantos imbéciles que hay por ahí, tu estilo es único y eso es lo que te hace, valga la redundancia, único también.
    No dejes de escribir obras de arte como estas por nada en el mundo.
    ¿Mi opinión? Una escritura impecable, digna de hallarse en el más grande de los libros de la literatura.
    Simple y llanamente: Perfecto.

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