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sábado, 28 de agosto de 2010

Aquí

Auí todo es efímero, aquí no existen los lazos de sangre, ni de raza, ni de credo. Todo lo arrasamos, y no existe ni la piedad, ni la bondad.
No vas a encontrarte con alguien que te perdone la vida, y los que están por encima de mí no dudarán en asesinarnos si damos un paso atras. Aquí, muerte silva por nuestras cabezas, y resplandores bermejos tiñendo carmesí el paisaje.
Las grandes esferas de poder se rien, pues nuestro sufrimiento les parece divertido, y se forran los bolsillos con billetes mientras nosotros lloramos la pérdida de nuestros amigos.
Con una pistola en la espalda y una herramienta macabra en las manos sembramos semillas de destrucción allá por donde pasan nuestros pies. No importa si conoces a tu adversario, sólo importa sobrevivir. No luchan como hombres, sino como bestias, intentando guardar su dignidad, pero perdiéndola, aún sí, al formar parte de ese infierno, el infierno en la tierra.
Nada está prohibido, matas a quién quieres, cuando quieres, y como quieres. Y las horribles voces de ultratumba taladran tus oidos, llevándote cada vez más a la decadencia. Un lugar en el infierno, pero pensando que has comprado el cielo.
No has de disparar ni a los médicos, ni a las embaazadas, ni a los ancianos. Si alguien se rinde y entrega su arma debes aceptar su rendición. No debes torturar ni saquear a los detenidos. Pero todo eso te da igual.
Aquí en la guerra, todo vale, todo pasa, y todo muere.

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