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martes, 16 de noviembre de 2010

Un punto de vista Alemán (parte 1)

Las manos me sudaban como a un cerdo. Estaba muy nervioso, pero el olor a playa me relajaba mucho.
La tensión se palpaba en el ambiente, y todos estábamos muy callados, esperando.
La muerte se paseaba por los erizos de playa, y saludaba a los búnkeres. Pronto tendría trabajo, mucho trabajo.
- Omaha Beach, ¡Todos listos, sólo quedan 30 minutos!
Exclamó el capitán Zünner desde lo alto del búnker en el que mi compañía y yo estábamos.
Era un búnker de cemento armado, normal y corriente, justo en el centro de la colina. Tenía tres ametralladoras fijas en los agujeros que habíamos hecho para la ocasión, y un espacio horizontal a la altura de nuestras cabezas donde se apoyarían en menos de media hora más de 20 hombres dispuestos a repeler el ataque americano.
agarraba mi MG42 con fuerza, con mucha fuerza, y no pensaba soltarla. Era mi pequeña parcela de poder, y con esa ametralladora entre mis manos me sentía seguro. Miré a un lado, y observé que el cabo Hans estaba muy asustado. El sudor perlaba su frente, y un charco amarillento y humeante se dibujaba en sus pies: Estaba realmente asustado. Me miró.
- Yo... - La voz le temblaba presa del pánico, y agarraba la empuñadura de su arma muy fuerte. Tanto que el cuero de sus guantes comenzó a agrietarse -Yo no quiero estar aquí.. quiero estar en Berlín con mi madre y mis dos hermanos... yo... yo no quiero...
Miraba a todos los lados, desconcertado, sin saber a donde ir, así que intenté tranquilizarle diciéndole que no se preocupara, que el III Reich prevalecería sobre todas las cosas, y que duraría más de 1000 años, y que podríamos estar con nuestras familias muy temprano, encuanto terminara la invasión.
Me sonrió, pero con una sonrisa muy falsa. Pues yo sabía que estaba realmente acojonado, y era normal. Cuando se alistó al ejército sólo era un pobre recluta que no paraba de tirarse a putas con chancro y beber hasta que el hígado le reventara en mil pedazos. Pero ahora observaba la puta realidad, y esa realidad tan puta, que tan mal nos trata, era estar allí, a los pies de la playa de Omaha, esperando a los soldados americanos que pretendían librar a Francia de la ira del Fürer.
- Soldados, ¡15 minutos! - Dijo el capitan Zünner.
Hans se asustó aún más, y una lágrima comenzó a correr por sus mejillas.
- No vamos a sobrevivir, ¿verdad? - Me preguntó hans.
Le contesté que sí, naturalmente que sí, que haríamos lo posible por exterminar a los invasores. Maldita sea, no sabía qué más decirle. Lo único en lo que pensaba era en disparar, disparar y disparar.
Mi mente se abstraía pensando en el mar, ahora cubierto de erizos de playa. Una playa que estaba a su vez cubierta de búnkeres. A lo largo de casi 8 kilómetros se extendía la furia del imperio alemán, y sus poderosos búnkeres poseían torretas Flak-88, Ametralladoras Mg42, y todo tipo de artilugos explosivos que harían retrodecer al enemigo.
- Todos preparados, se ven tropas en el horizonte. ¡Sólo 5 minutos!
Ya estaban aquí... Agarré mi ametralladora con fuerza, y apunté.

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