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viernes, 25 de febrero de 2011

Mis personajes.

Sus ojos negros recorrieron con su mirada perturbadora todo su cuerpo, y alzó su arma por encima de la cabeza, mostrando una siniestra sonrisa. Su víctima, en posición defensiva, esperaba el momento oportuno para esquivar el inminente golpe y seguidamente atacar, o huír, según las circustancias que se acometieran. Lo más inquietante es que, de fondo, se escuhaba un sonido que evocaba una sensación de tensión total. Como un violín afinado en el registro más agudo que se hubiera podido afinar un violín.
El chico de ojos negros a juego con su ropa, blandió el martillo en pos de ataque, pero de pronto se escuchó un sonido característico de un "scratch", y el hilo musical tan tenso que se escuchaba de fondo pareció disolverse.

- Eh, eh - dijo la víctima - ¿Vas a matarme con un martillo?
El asesino bajó las manos, y después llevó las mismas hasta su ratio de visión, y después de elevar rápidamente los hombros al igual que las cejas, miró a la persona a la que pensaba eliminar y dijo:
- Sí, no sé... ¿No te parece bien? - dijo con tono cómico.
- cht... A ver, no es que no me parezca bien, pero no me gustaría morir a golpes, como comprenderás.
El chico de negro puso mala cara, después cambió a una mueca de cansancio pensante, como si estuviera buscando alguna solución.
- ¿Quién dirije todo esto? - Preguntó al fin.
El chico de blanco se sentó en un sofá de cuero negro que había aparecido allí en ese mismo instante, y vaciló antes de contestar con otra pregunta.
- ¿Cómo que quién dirije todo esto?
- Sí, que quién manda aquí, que quién es el que escribe este relato.
La cara cuadrada del chico de blanco se iluminó, y sus ojos sin pupilas se posaron en el techo, que flotaba en el aire, porque no había pared alguna en la que se pudiera sujetar. Todo lo que no era un techo o un sofá, era símple y llanamente, color blanco.
- Algo he oído, creo que su nombre empieza por D, pero no me acuerdo de cómo era...
Depués de un par de minutos el chico de negro alzó la voz:
- ¡Eh tú! el que escribe.
"¿Eh?" pensé. "¿Me está hablando mi propio personaje?".
- ¡Sí! ¿Qué pasa? - Dije con tono de duda.
- ¿Dónde estás? Se escucha como una voz en off - Dijo el chico oscuro nuevamente antes de que el de blanco le increpara:
- ¿Qué más da? El caso es deshacer este entuerto - Carraspeó y continuó - Sí, oye, verás, esque has hecho que el personaje de negro apareciera con un martillo para matarme, y nos preguntábamos si podrías cambiar el martillo por algún otro arma más letal y menos lenta de usar.
Dudé un instante "¿Que me está preguntando a mí esto un personaje de mis relatos?". Y contesté desde el papel:
- ¿Tengo que volver a escribirlo todo en serio? - Pregunté intentando zanjar el tema lo más rápido posible.
- Pues hombre, sería lo lógico, no sé - Dijo el de blanco poniéndo cara de indignación.
- Hombre a mí tampoco me parece tan mal.. Quiero decir, soy un asesino, yo mato y punto, ¿Qué más da? - Objetó el personaje de negro.
- Pues no, no da igual, porque el que muere soy yo. Imagínate que te crea alguien y de repente aparece otro loco igual que tú, pero en negativo y..
- ¡Eh eh! ¿Cómo que en negativo? Pero tú..
- Diantres, es una forma de hablar. Bueno eso, que aparece otro loco igual que tú pero en negativo y te intenta matar con un martillo en un sitio que no tiene ni decorado, - Elevó el tono de voz en sentido de queja - porque el escritor todavía ni ha tenido el detalle de describirlo, Ejem, ejem- Dijo mirando al techo azúl brillante que se alzaba encima de ellos, levitando.
- Hombre... visto así.. - Reconocío el chico de negro - Tienes razón, pero es él el que escribe, y tenemos que acatarnos a sus normas ¿No?
El chico de blanco se ofuscó. O no, mejor dicho se enfadó, que ya se estaba poniendo pesado:
- ¡Si hombre! ¿Y por qué entonces no te mato yo a tí? El relato quedará igual, y así todos contentos.
El chico de negro se apartó un paso atrás y dijo de forma quejumbrosa:
- ¡Hala! Pues no, de toda la vida en los relatos de asesinos y todas esas cosas el que mata es el de negro, y si te ha tocado morir a tí, pues lástima. Que el escritor te hubiera descrito con ropas negras, ¿Qué culpa tengo yo?
Acto seguido, alzó el martillo, y lanzó un golpe contra la personalidad blanca, la cual se apartó de un movimiento tan rápido que escapaba a la rapidez visual de cualquier ser humano.
Lo curioso era que también había desaparecido el sofá, y el martillazo del chico de negro fue a parar al aire, la cual se quejó con un chillido, hecho que me sorprendió hasta a mí.
El sofá y el chico de blanco se encontraban ahora en el otro lado de la habitación, que había aparecido en ese mismo instante. El techo se había vuelto de un color granate oscuro, al igual que las pardes, cuyo decorado consistía en varios cuadros renacentistas, y un par de relojes de cuco. Una habitación pequeña, con un escritorio en un extremo, y en la silla de detrás del escritorio, vestido por una máquina de escribir, estaba yo sentado, escribiendo.
Miré al chico sentado en el sofá, a mi derecha, y después al chico de frente a la pared con el martillo, a mi izquierda.
- ¡O se callan los dos de una vez, o me los cargo a golpes, y no precisamente con un martillo! - grité enfadado.
Los dos se giraron, y me pidieron explicaciones, hablando los dos a la vez. Hice aparecer un sonido estridente y eléctrico, como el de un trueno, y las dos voces; La blanca y la negra, se callaron poniendo unas facciones asustadas en sus rostros.
- Sois mis personajes, y aquí mando yo. Por tanto: Se hace lo que yo diga, y punto. ¡Tú! - Señalé al de negro - Toma anda.
E hice aparecer una pistola en su mano derecha,  suprimiendo a su vez el martillo, casi al mismo tiempo.
- Y tú, el de blanco, te callas y mueres, que para eso eres mi personaje. Diantres, estoy escribiendo, no me molestéis. La idea era que él te matara a martillazos, y yo te haría sufrir unos dolores inimaginables, pero nada, gracias por fastidiarme la inspiración. Pues nada, ahora tendré que inventarme otro relato, pero ya me dirás cómo puñetas represento la angustia adolescente y hago símiles con la dureza de la violencia y la falta de piedad del ser humano con una pistola, que mata de un tiro y ¡pum!, se acabó. Pero ¿Con un martillo? Con eso tenía para cebarme contigo todo lo que quisiera y más.
El chico de blanco agachó la cabeza y trató de excusarse:
- Pero yo sólo...
- Nada, no hay más que hablar - Interrumpí - En el próximo relato morirás de un tiro en el estómago y te desangrarás, ¿Estamos? Y no te preocupes, que será muy lento y doloroso, que ya me has cabreado.
Íba a hacerles desaparecer, pero antes le increpé al chico de blanco:
-Y que sepas que el escenario íba a describirlo después, listillo.

Y les alejé volando por los aires, trasportándoles al mundo que había creado para ellos, mientras murmuraba insultos hacia mis propios personajes. ¿Quién se habrán creído que son para cuestionarme mi forma de escribir? Le sdoy un mundo, una historia, un pasado, un futuro, e incluso una personalidad propia, y, ¿Así me lo pagan?

Mis personajes son míos, y de nadie más.

2 comentarios:

  1. Gran idea, pero me temo que Unamuno la tuvo hace unos buenos años y la plasmó ligeramente mejor.

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    Respuestas
    1. Es que si yo escribiera como Unamuno, seguramente no tendría un blog, y estaría contruyéndome alguna casa en Miami gracias al dinero de mis bet-sellers.

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