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jueves, 20 de octubre de 2011

Eva (8)


Entre la oscuridad y el deseo no se podía apreciar apenas un ápice de color. Sólamente el cabello de Eva brillaba con la intensidad de un sol, dentro de las capacidades lumínicas del maltrecho salón.
La pelirroja se  colocó a horcajadas, vestida únicamente con sus calcetines negros hasta las rodillas, sobre Otto, el cual comenzó a respirar muy fuerte. Notaba su sexo siendo acariciado por el cuerpo de Eva, la cual había colocado sus manos sobre su pecho, haciéndole sentir a Otto más sometido a su sexualidad. El sofá comenzaba a resultarle demasiado cómodo.

Eva comenzó  besar el cuello de Otto, y este subió la mano derecha como una exhalación, y la colocó sobre el cuello de Eva, dejando su dedo pulgar en contacto con su delicada oreja, tapada por un látigo de pelo anaranjado.
Otto sintió una extraña sensación en los dedos. Notó como si la parte que estaba en contacto con el pelo de Eva ardiera como mil demonios. Sin llegar a quemar, pero mucho más caliente de lo que debería estar una cabeza... al menos humana.

Eva se elevó un poco sobre su propia cintura, y observó a Otto con la cara de la lascivia personificada. Sus manos de seda recorrieron el abdomen del chico hasta llegar a su entrepierna, y no pudo evitar soltar un leve gemido.
Sujetó con suavidad la vergüenza de Otto, y cuando hubo colocado su sexualidad sobre la suya, se sentó de repente sobre él.
Ottó cerró muy fuerte los ojos, y Eva soltó un grito agudo y entrecortado. Después agarró las manos de Otto y las condujo hacia sus caderas. Otto agarró con fuerza los 18 años de puro placer carnal que estaban sentado encima de él, y Eva subió las manos hasta los hombros de su "presa". Después comenzó a describir un movimiento digno de una bandera. Con suavidad, pero con lujuria. Las uñas de Otto comenzaban a clavarse en las caderas de la fémina, la cual sólo podía esbozar gemidos y jadeos, que se sincronizaban a veces con los de él.

Eva movió la cabeza bruscamente hacia la izquierda, y una espiral de azafrán surcó el aire describiendo una espiral. Y dejó su cabeza inclinada, observando el pecho de Otto, su cara de placer, y su frente perlada.
Otto comenzó a sentir un calor intenso centrado en un punto concreto de su brazo izquierdo, y bajó la vista: El pelo de Eva estaba en contacto con su extremidad y, realmente y a pesar de la ausencia de llamas, humo, o simple y llano peligro, ardía.

2 comentarios:

  1. Pues me ha encantado, así que la ocasión merece que comente. Realmente has conseguido que me enamore de Eva, tu personaje, y eso es bien difícil, te lo aseguro.

    Salvo un par de fallos (repetición de espiral que se carga la metáfora, por ejemplo), el resto está perfecto. Escribes de lujo.

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