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domingo, 20 de noviembre de 2011

¡Adiós, mundo cruel!


Dos caras de una cruel moneda llamada Mundo.

Pon en un papel toda la tristeza, lástima e injusta desesperación que puedas imaginar, pero de forma realista.
Un abuelo tirado en la calle, con la cadera rota, pidiendo ayuda, y nadie se para a ayudarle.
Un artista trabajando en una escultura en miniatura de cristal, y en la presentación se rompe, se le escapa de las manos, se cae, se desintegra contra el suelo, y se arrodilla entre risas, cogiendo pedacitos de su obra, y mirándolo con las lágrimas en los ojos.

Un nño gordo y orondo, inflándose a chocolate y bollería, mientras un famélico  hermanastro a su lado no tiene más que galletas rancias, y las come mirándolas después de cada bocado, con los ojos empañados.
Un profesor en un aula revolucionada, todos los alumnos tirándose bolas de papel, gritando, corriendo e insultándose. El profesor explicando la materia, sabe de sobra que los alumnos no le están prestando atención, y se siente desgraciado. Pobre miserable, cuyos pupilos se ríen de él. ¿Qué va a hacer?.
Por el caso de un chico perdidamente enamorado de una mujer, la cual está libre, con la pega de que este mismo chico tiene novia.

Este chico consigue reunir el valor suficiente para dejar a su chica y luchar por su amor, y dos días después, esta perfidiosa colipoterra se funde en el placer carnal con otro chico, de características físicas muy superiores. Cuánta tristeza. Qué sensación de estupidez, tristeza, y dolor. Cuánta miseria, pobre iluso descorazonado.

Un fracasado vendedor de seguros llega a casa un lluvioso día cualquiera, y unas maletas esperan en el descansillo con una nota que dice: Jódete, y escucha, miserable.

Desde el interior de la vivienda se escuchan gritos y gemidos por parte de la que, al menos en ese momento, era su esposa. Cuanta imbecilidad en un cerebro de vendedor tan estúpido.

La idea de un padre trabajador, honrado, fiel a sus principios familiares, que compra regalos a sus hijos por el simple hecho de tener un detalle con ellos.
Sus hijos, niños crueles, pero no tan niños, le insultan y le desprecian, alegando que no son suficiente, que quieren más. "Imbécil, no estamos contentos".


Así, según surje, lo sueltas en un papel. Algo realista, algo tangible, algo palpable, algo que pudiera ser.
Imprime el papel.


Quémalo.



Ya eres libre, joder.

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