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sábado, 5 de noviembre de 2011

Eva (9)


Clavó sus rodillas al sofá, y encorvó la espalda hasta, casi, tocar la cálida piel de tela con el vientre.
Otto se vio con unas posaderas jamás vistas, esculpidas por el mismísimo Miguel Ángel, delante suyo, y se le aceleró el corazón (más aún si cabía).

Eva colocó las manos en la parte superior del respaldo del sofá, y movió sus caderas muy ligeramente, en movimientos lentos y sensuales.
- Vamos... por favor....- Masculló Eva entre jadeos.
Ottó se aproximo más aún a ella y, colocando las manos temblorosas sobre el sinuoso trasero de Eva, complació su deseo.

Estalló en un grito ahogado, y su cuerpo comenzó a moverse al compás del de Otto, el cual había agarrado todo el cabello escarlata que hubiera podido acertar a rescatar desde su posición, y lo agarró con fuerza, echando la cabeza de Eva hacia atrás, por la cual no cesaban de brotar gemidos y jadeos.
Las posaderas de Eva placaban la cadera de Otto con fuerza, el cual continuó sosteniendo sus llamas que se podrían haber llamado cabello si no hubieran sido del mismo color que el infierno.

Las gotas de sudor comenzaban a aflorar en la piel de ambos, y sus cuerpos se volvieron  figuras mojadas y calientes en una habitación fría como el hielo, El contraste de pasión, sensualidad, lujuria, y sexo que desprendían Otto y Eva conforme a la tristeza, la lástima, y el patetismo que presentaba el cuarto era abrumador.

De pronto, cuatro golpes tan secos como un arbusto en el desierto retumbaron a través de la madera, haciéndose sonar en toda la casa.

Los primeros cuatro golpes no fueron escuchados por Eva, la cual perpanecía sumida en un universo de placer a cuatro patas. Pero si por Otto, el cual ignoró por completo el hecho de que estuvieran llamando a la puerta.

De nuevo los golpes volvieron a sonar, esta vez mucho más fuertes, y una voz se hizo hueco a través de los gritos:

- ¡Abre de una puta vez, sé que estás ahí!.

El líbido de Eva descendió en picado a un nivel vertiginoso. Sus ojos se abrieron como platos, y cuando Otto le hubo soltado por el sobresalto y se hubo tornado en cuerpo y mirada hacia el pasillo de la entrada, Eva pudo pensar, sentada en el sofá: "Esa voz... es... es.... ¡!"

1 comentario:

  1. "Delante suyo" Es "delante de él"; "suyo" es un posesivo ("el bolígrafo es suyo"), ortografía básica.
    Libido se escribe sin acento, no es "líbido".

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