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lunes, 29 de marzo de 2010

La cuestión es ganar, pero en su justa medida.

Siempre digo que lo importante es ganar, no participar. Lo importante es entrenar y prepararse para conseguir tu objetivo, porque no sirve de nada quedarse en el camino. Pero a vecez, las experiencias nos juegan malas pasadas, y te das cuenta de que las cosas no son exáctamente como tú pensabas.
Esta conversación la tuve con mi criado, y desde luego, cambió mi vida:

-Sam, ¿alguna vez me has visto fracasar en algo?
- Desde luego que no, señor.
- Soy un hombre de provecho, tengo varias empresas, tengo dinero a raudales, y una casa inmensa, por no nombrar la colección de coches y demás.
- Desde luego es un hombre con poder, jefe.
- Pero... ¿Me has visto sonreir alguna vez, Sam? ¿Has podido percibir algún atisbo de felicidad en alguna mueca esporádica, aunque sea, que haya podido aludir a un estado de ventura? Jamás, Sam. Y no entiendo por qué, hijo. Tengo todo lo que hubiera podido desear, jamás he fallado en nada, y me ha llovido la buena suerte del cielo. Siempre he conseguido lo que me he propuesto y he llevado mis sueños a la realidad con el mayor éxito sin la mayor dificulad. ¿Qué es lo que me falta, Sam? ¡Dímelo!

Sam me miró a los ojos y con un tono solemne y con convicción dijo:

- Señor... Tal vez la solución esté en perder de vez en cuando.

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