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domingo, 28 de marzo de 2010

Nueva versión más realista 1/2

En una cabaña en el bosque, una madre retiene a su hija. Le ha comido la cabeza para que la niña piense que está ahí porque quiere, y porque no le queda más remedio, pero es libre de irse cuando quiera.. Libre excepto por la tiranía de esa demente que mantiene secuestrada a su propia hija.
La niña no ha conocido otra cosa que esa cabaña. Sólo sabe que su abuela fue abandonada por su madre cuando ya estaba demasiado mayor en el bosque, pero consiguió encontrar un albergue abandonado, una especie de cobertizo con un par de habitaciones para resguardarse del frío y poder sobrevivir. Se alimentaba básicamente de una pequeña plantación que tenía en el extremo sur de la casa, por eso su vitalidad era tan apagada y a su alrededor bailaba la muerte con ganas de sacar a alguien a la pista, y ella estaba ya próxima al destino de ser su pareja.

La madre de aquella pobre niña se levantaba todos los días a eso de las 9 y se iba a mantener relaciones íntimas con un viejo cazador que vivía en las inmediaciones, y volvía allá por las 3 de la tarde, para darle cuatro cosas de comer a su hija, como pan duro y leche que sacaba del ordeño de una vaca flaquísima y ya demente que conservaban en un pequeño establo.
Después volvía con su amado cazador hasta la noche. Nunca nadie supo de dónde sacaban los alimentos ni las fuerzas para seguir viviendo, pero la niña ya empezaba a tener hambre, y como consecuencia, a quejarse a su madre:
- Mama.. tengo un poco de hambre.
La mujer le miró por encima del hombro, tumbada en el mugriento sofá que descansaba en el centro de la habitación más grande de la casa leyendo un ejemplar de periódico de hace 3 años.
- ¿Y a mí qué cojones me importa niñata?- dijo después de tirarle el periódico a la cara.
Caperucita Roja no tenía nombre. Ese era su pseudónimo, dado que era la única prenda que su madre le permitía ponerse, a parte de una túnica blanca bastante sucia.
- ¿Por qué no podemos traer de nuevo a la abuelita a casa?- Osó hacer esa pregunta, y su madre se levantó hecha una furia del sofá, tirando a su hija al suelo, colocándose encima de ella, y golpeándole la cara repetidas veces hasta hacerle sangrar.
- ¡No vuelvas a nombrar a esa zorra, o te mato, cria del demonio!-
Caperucita lloraba sangre desconsolada. Sólo le importaba estar con su abuela, que al menos hasta donde alcanza su memoria, ella nunca le había tratado mal (y pensó que precisamente por eso su madre le había hechado de casa).

Caperucita llora en un rincón tres horas después. Su madre está con el cazador montándoselo en el piso de arriba, y Caperucita ya se cansa de escuchar los gemidos, gritos y golpes.
Fue el detonante de esa decisión el escuchar los gritos de su madre
- ¡Fóllame cabronazo!- Se oía desde el piso de arriba.
- parece que mi madre - dijo caperucita en voz alta - tiene la voz hecha mierda de tanto Wiskey. No aguanto más, me voy a buscar a mi abuela.

La niña, con toda la inexpresividad del mundo, metió en una cesta un trozo de pan blando que le había robado al cazador del zurrón, una botella de leche, un cuchillo, y us ganas de volver a ver a su abuelita. Abrió la puerta de su casa y se largó sin decir palabra, puesto que su madre sólo se enteraba de los 95 kilos de grasiento cazador que tenía encima.

el bosque era bastante peligroso. La zona estaba perdida en un bosque de paradero desconocido, y la extensión era bastante amplia. Desde su casa hacia el norte cruzaban dos ríos en paralelo, y 2 kilómetros más al sur estaba la casa de su abuela (si es que seguía viva...).

1 comentario:

  1. Una historia alternativa al cuento, me gusta. Aunque, bueno, es muy muy dramática, pero me va el drama. Puf, que cabrona la madre, de verdad, y eso de que el origen de su nombre fuera que solo usaba esa ropa.. Pobre caperucita, creo que ya no veré el cuento con los mismos ojos. :D

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