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sábado, 25 de diciembre de 2010

El fin.

Miserable y vil soledad. Acechando en un oscuro rincón donde una niña llora desconsolada la pérdida de su propia vida en manos de ella misma. Dios se insinúa poderoso ante la adversidad, y ya nada es lo que parece. Todo está muriendo, y la vida se torna más cruel aún si cabe. Las rosas comienzan a volverse negras y a machitarse, y acaban desnudas, congeladas, muertas de frío y abandonadas en un maltrecho jardín. Los árboles entonan una macabra sinfonía con sus ramas incorpóreas, y blanden sutilmente sus troncos en pos de salvación.
El cielo se vuelve gris, y la lluvia azota las caras sin rostro de los transeúntes, que pasean como si nada por la acera. El oscuro paisaje se adormece junto con la vida que ya, esboza sus últimos gritos de auxilio al mal. Pide un descanso para tanto sufrimiento.
Los querubines negros del infierno persuaden a los últimos vestigios de vida que pudiera haber en ese paraíso onírico transformado en una sala de torturas vacía. Suyo único instrumento de castigo es el olvido, y la soledad.
Las palabras brotan ensangrentadas de una muñeca a la cual le apetece llorar hilos carmesíes que desaparecen por el desagüe para llegar a formar parte de la nada más absoluta. Un vacío asolador que emite una voz cruel. "Y ahora. ¿Qué piensas hacer?"
Un alma bondadosa flota en ese virtualismo etéreo y responde. "¿Ahora? Sólo me queda la muerte". Pero su tormento no acaba ahí, la voz inquietante contesta. "Lo siento, ya estás muerto". "¿Eres Dios?"."Claro que no; Dios es piadoso". Una cara triste se impone a delatar el miedo terrorífico que cala sus huesos. Sus pupilas desaparecen, su alma se evapora, sus órganos se desvanecen, su cuerpo se erosiona. Intenta convertirse en luz, pero las tinieblas lo asolan todo.
Un grito desgarrador, como si saliera de las entrañas del mismo centro de la tierra resuena en las paredes diminutas de un ataúd invisible, y lamenta su propia pérdida. Enciende las linternas, pero, a pesar de observar la luz, no iluminan nada. Enciende la velas, y puede quemarse con su fuego, pero tampoco alumbran nada. Observa trágicos asesinatos pasar por delante de sus ojos, y se ve reflejado en ellos. Como víctima y como asesino.

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