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martes, 25 de enero de 2011

La furia elemental (Tierra)(Parte 1)

Era una llanura inmensa, la cual estaba repleta de rocas y algún que otro arbusto, no más altas de metro y medio, aunque algunas rocas superaban los dos metros. Todas las piedras tenían forma de colmillo, pero había que usar la imaginación para que parecieran realmente dientes, pues estaban muy astilladas por el tiempo y la lluvia.
El terreno se extendía por miles de kilómetros a la redonda, e incluso se podía divisar la curva característica de la forma esférica de la Tierra, lo que demostraba que ese lugar era absolútamente desértico, a la par que inmenso y  despoblado.
Toda la desolación que transmitia aquel sitio se representaba en su pobreza vegetal, animal, y humana, ya que no se podía escuchar nada que no fuera el murmurar del viento silvando entre las piedras. Ese inmenso lugar tenía, sin embargo, un clima cálido pero sin llegar a los niveles de un desierto. Poseía una humedad notable en el aire, pese a que en el suelo no hubiese ni el más mínimo vestigio de agua, lo cual daba qué pensar al hecho de que existieran ciertas plantas a lo largo de toda su desmedida extensión.
Todo parecía en orden. De hecho, parecía que hadie hubiera pisado ese lugar en varios miles de años, debido a la poca actividad que se observaba y a la pobreza acústica y visual que caracterizaba aquel desmesurado solar. Pero algo estaba ocurriendo. Un gruñido avanzó temeroso por el aire y vibró. Era un sonido, que si tuviera un color asignado, sería el pardo, o un ocre muy oscuro. Un sonido que se escuchaba sordo desde debajo de la tierra, como si algo estuviera moviéndose. Un sonido arenoso, como un corrimiento de tierra.
De pronto, un sonido aún más potente, pero apocopado por la ingente cantidad de espacio y tierra que había en ese páramo desértico, hizo vibrar los maltrechos arbustos que poblaban trístemente la llanura. Este sonido era diferente, era como... ¿Un grito?
Se escuchó un rugido, después otro sonido tan fuerte como el anterior, teniendo como base sonora ese misterioso movimiento de tierra. Todo comenzó a vibrar, y el sonido se hizo aún más potente. La tierra ya empezaba a resquebrajarse, y el sonido se hizo aún más potente. El suelo ya empezaba a moverse, y el sonido se hizo aún más potente. Algo estaba golpeando la tierra por debajo, algo increíblemente grande y monstruoso, y el sonido se hizo aún más potente.

Se podía observar una pirámide en miniatura en el centro del lugar de donde provenían todos esos sonidos guturales. Aparentemente nada estaba cambiando, excepto el pequeño detalle de que, donde antes sólo había una capa más gruesa de tierra que vibraba con cada golpe, ahora había un puño inmensamente grande que salíó de la tierra como la erupción más violenta del volcán más fiero de todo el Infierno. Los gritos y sonidos se volvieron más violentos, y ahora se escuchaba (casi) con toda claridad, un grito expulsado directamente de los pulmones de una criatura humanoide cuyos puños (o al menos el que ya había sacado fuera de su cárcel terrácea) estaba formados de pura Tierra (con mayúscula) en la más concreta y exácta definición que puede dársele al elemento en cuestión. Todo el puño, que ahora se abría para mostrar una mano de unas proporciones bíblicas, mientras el horrendo grito se intensificaba aún más, estaba tatuado con surcos ígneos que se movían en una sola dirección. Por su forma y textura se podía deducir que era pura lava ardiente. Por eso, y porque exhalaba humo debido al contraste de temperatura entre el exterior y el abismo del que provenía.

La expulsión de esa mano magnificente, provocó una lluvia de esquirlas y cenizas dolorósamente candente que poblaban de una desolación flamígera toda la vasta extensión.

Otro golpe sacudió las áridas llanuras. Un nuevo grito emergió desde el centro de la Tierra.

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