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viernes, 28 de enero de 2011

La solución final.

Ha sido una ardua batalla. ¿Soy el último? Sí, creo que soy el último.
No sé muy bien cómo he llegado a este lugar, pero lo que sí sé es que tengo mucho miedo. La verdad, es que estoy realmente aterrorizado. Me gustaría poder estar ahora con mi familia, les echo muchísimo de menos. ¿Ruidos? No será nada, hace ya dos horas que murieron todos, así que me imagino que será el gélido aire que recorre la ciudad.

No recuerdo nada de cómo he llegado a esta situación. Lo último que recuerdo es que me monté en el acorazado de inspección, después un grito y una explosión, y lo siguiente era encontrarme solo, en una habitación, sudando como un cerdo pese al terrible frío que se respira en el ambiente, con una Colt 1991 en la mano y con sólo una bala en el cargador.
Los Nazis me acabarán encontrando, estoy seguro. Llevo casi tres horas despierto. La primera hora la pasé acurrucado en un rincón, con la pistola en la mano apuntando hacia la puerta ¿Con una sola bala? Sí, con una sola bala, pero hace ya dos horas que, como he dicho, no se escucha absolutamente nada que no sea el murmurar del viento.

Oigo ruidos, sé que están aquí, y sólo es cuestión de tiempo que acaben encontrándome aquí, y disparándome. Me dispararán nada más verme, estoy seguro.
El caso es que tengo una sola bala y nada que perder, seguro que mi familia está ya bajo tierra, o en una de esas fosas comunes que han cavado los Alemanes para tirar allí los restos mortales de sus atrocidades. ¿Qué puedo hacer? ¿Morir como un soldado en el campo de batalla y, al menos, cargarme al primer sucio fascista que entre por la puerta... o meterme la pistola en la boca y acabar con todo de una de las formas más nobles que se me ocurren en este instante?

¡Mierda! Pisadas... Ya están aquí. Agarro la pistola y cierro con una fuerza casi sobrehumana la mano sobre su empuñadura. Me meto la mano en el pecho y saco el portafotos en miniatura que me regaló mi hija antes de partir. Cierro la mano con mucha fuerza y parto la cadena que lo ata a mi cuello de un tirón. Dejo caer la mano y la aprieto con fuerza. ¡Ya están aquí!.

La decisión está tomada, la mano se levanta, y a su vez levanta la pistola con el dedo en el gatillo.

1 comentario:

  1. Muy bonito eso de desagregarme muy pero que muy bonito!!!!!

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