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martes, 26 de abril de 2011

Háblalo contigo

El otro día se me pasó por la cabeza la idea de un chico hablando solo. Hasta aquí todo normal, todos hemos hablado solos alguna vez, todos nos hemos puesto a elucubrar variantes de un tema y a pensar en voz alta. Sobretodo en ese momento "ducha" en el que estás tan plácidamente acurrucado sobre el tacto cálido de las gotas de agua surcando el vapor que desprenden ellas mismas. En ese momento que te aburres demasiado y comienzas a pensar. A pensar en voz alta, imaginándote qué harías con un millón de Euros, o recordando la entrevista que viste ayer por la tele, e imaginándote lo que contestarías tú, etcétera.

Pues se me ocurrió la idea de un chico que comenzara a hacer eso que todos hacemos, pero la cosa se fuera yendo de madre, y acabara teniendo una conversación inteligente consigo mismo. Es decir, contestándose contradcitoriamente sus propias opiniones por opiniones aún mejores. No hablo de un amigo imaginario, puesto que este tipo no está loco, símplemente es un nivel ulterior de inteligencia, como una especie de dualidad pero en la función de sublimación artística de la misma.

Y nada, mantiene su propia conversación, él solo en voz alta, pero sin estar loco. No ha pasado todavía la estrecha barrera de la enfermedad, pero sin embargo la gente se queda alucinada cuando pasa por su lado. Cosa obvia, por otra parte, puesto que está hablando consigo mismo pero de forma completamente racional y coherente. Es decir: Está manteniendo una conversación consigo mismo, pero sin ser bipolar, sin tener un amigo imaginario, sin ser esquizofrénico, neurótico, o símplemente pirado de la olla. Un tío con sus amigos, su novia, sus padres, sus estudios y su vida montada a su manera, un tío completamente de la calle. Nada, una persona normal y corriente, pero siguiendo la rutina de la cotidianidad de su vida, acaba descontrolándose y hablando consigo mismo de forma real. Porque todos hablamos con nosotros mismos, cuando pensamos al fin y al cabo no hacemos otra cosa que hablar con nosotros mismos, pero a un nivel atómicopsíquico, que es una palabra que me he inventado.

Y la cuestión es que el tipo habla de todo, absolutamente de todo. No hay un solo tema de conversación del que no le apetezca hablar consigo mismo. Habla de las catástrofes naturales, de videojuegos, de guerras, de literatura, de cine, de música, de todo. Piensa, sólo que reúne el valor necesario para decirlo. Piensa y lo dice, conversa, se conoce, tiene el valor de descubrirse a sí mismo. Piensa en que debe escribir esta idea en algún sitio. Ideas como esta.  ¿No dicen que la mejor forma de conocer a alguien es hablar con ella largo y tendido? Pues hablemos con nosotros mismos, que buena falta nos hace, de una maldita vez.

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