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jueves, 3 de marzo de 2011

Robot oxidado

Un ser de metal que sangra por los ojos. Está triste. triste y desorientado, moviendo los ojos de lado a lado a cada rato.
Un ser de metal, frío como el hielo, y helado como él mismo. Acurrucado en una esquina de una oscura habitación, con los brazos rodeando sus rodillas, temblando.
Llora y llora, pero no sabe por qué. ¡No!, no le preguntes, déjale tranquilo. Él sabrá.

Pero él no sabe, está tirado y oxidado. Apenas puede moverse. En su cuerpo metálico se dibujan islas pardas verdosas que contaminan su carcasa. Pobre robot oxidado. Sus circuitos están decrépitos y estropeados, y sueltan chispas verduzcas por doquier, miles de destellos amarillos centelleantes se dibujan en la penumbra de la habitación.
- ¡Maldita sea!
Grita con voz metálicay siniestra. Una voz grave, pero aguda a la vez. Grande y pequeño sonando en estéreo. Tanto miedo. Pobre robot oxidado.

Humanoide asesino, autómata al servicio de la muerte. Sin sentimientos; Sólo metal. Pero no es lo importante, pues no sería tan malo si no se llevara el alma de sus víctimas también. Tirado en el suelo, moviéndose por espasmos y convulsiones eléctricas. Pobre robot oxidado.

Sabe que no le queda nada, que sólo es un amasijo de hierros y cables maltrechos, pero se niega a apagarse.

Todavía queda un microchip con conductores de oro en lo más profundo de su cerebro. Tiene alma, pero el problema es que él no lo sabe.
Su sistema se queda sin energía, y su cuerpo deja de emitir incontables chiribitas luminosas. Muere con sentimiento humano antes de que su alma hubiera podido aflorar y convertirse en uno más. Pobre robot oxidado.

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